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El antisemitismo de Heidegger, por Victor Farias

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VICTOR FARIAS 19/01/1990, El País.com

Víctor Farías, filósofo chileno, profesor de la universidad de Berlín y autor del ensayo Heidegger y el nazismo, que durante los últimos años ha motivado una enorme polémica internacional, presenta en este artículo el muy reciente descubrimiento de una carta manuscrita del filósofo alemán, hallada por Ulrich Sieg en el archivo de Karlsruhe. En ese documento, a juicio de Víctor Farías, “Heidegger no sólo toma posición a favor de un extremo antisemitismo, sino que lo fundamenta en un horizonte de principio”.

El debate internacional en torno a la filosoffia de Martín Heidegger tiene su momento constitutivo más esencial en el problema de la relación de esa filosofia con el fundamento de los derechos humanos. Precisamente, y sólo en torno a esta cuestión, la pregunta por las vinculaciones del filósofo con el nazismo alcanza su sentido y significación. La tesis fundamental de mi estudio, a saber, que para Heidegger el acto humano relevante constituido por el filosofar no es posible sino en el ámbito del espíritu alemán y su lengua, apunta directamente al asunto indicado y desde allí busca explicar su inquebrantable defensa de posiciones nazis genéricas. La radical discriminación de todo lo que no es el pensamiento alemán (el único que sería capaz de rescatar el origen griego del espíritu occidental) va más allá de la afirmación trivial de que la lengua alemana ha creado una nomenclatura filosófica de importancia. Esa discriminación afecta al pensamiento como tal y no a una de sus cristalizaciones -la filosófica-, precisamente porque para Heidegger lo que llamamos filosofía ya había terminado con Nietzsche y la historia de la metafisica cediendo el paso precisamente al pensar.Al eludir esta cuestión básica de modo sistemático, mis críticos han querido llamar la atención sobre cuestiones importantes, pero dependientes de ella, buscando -muchas veces de modo atolondrado- coleccionar eventuales deficiencias e insuficiencias de mi estudio. Una de ellas es el problema del antisemitismo. Con porfiada insistencia se repite la objeción de que mi denuncia del antisemitismo fundamental de Heidegger se basa en recursos metodológicos artificiales. Recurriendo a tradiciones más o menos anecdóticas, a saber, la relación suya (por lo demás, muy incierta) con dos o tres discípulos judíos, se busca desconocer el hecho fundamental que significa la identificación de Heidegger con el movimiento histórico más brutalmente antisemita que conocemos, e incluso la porfiada -pero consecuente- resistencia suya a denunciar los crímenes del nazi-fascismo.”Poner junto’

Los historiadores conservadores Errist Nolte y Hugo Ott han creído poder objetarme un método asociativo en torno al problema. Mis afirmaciones del espíritu antisemita de Heidegger se basarían tan sólo en la estratagema de poner a Heidegger junto a movimientos y personalidades antisemitas para deducir de allí su discriminación de los judíos, y todo ello sin poder documentar la opinión del filósofo mismo respecto al problema. La vinculación del joven teólogo católico con la figura paradigmátíca del antijudaísmo austriaco y bávaro, el monje agustino Abraham a Sancta Clara, no significaría nada. Al menos para Hugo Ott, el cual, para desviar la atención del catolicismo antisernita, me invita a estudiar la relación de Heidegger para con Lutero -ése sí es un verdadero antisemita¿Es posible pensar que unhistoriador tan serio ignore que Martín Lutero fue también él un monje agustino?

Pese a que mi estudio da a conocer por primera vez un documento en el cual Heidegger discrimina a los no arios en el contexto de una acción colectiva de los profesores de la universidad de Friburgo, asumiendo con ello la línea política del Gobierno y el partido nazi, la discusión continuó su dirección habitual intentando hacer proliferar la ceguera voluntaria.

En este contexto cabe dar a conocer que hace algunos días un joven investigador alemán, Ulrich Sieg, ha hecho un hallazgo sensacional. En el archivo de Karlsruhe (Generallandesarchiv

Karlsruhe), Sieg encontró un documento en el cual Martín Heidegger no sólo toma posición a favor de un extremo antisemitismo, sino que lo fundamenta en un horizonte de principio. En mi estudio aludí al hecho de que mis afirmaciones iban a ir recibiendo su confirmación paulatinamente, ante todo porque archivos muy importantes han sido ocultados a la investigación científica. El descubrimiento de UIrich Sieg es tanto más sorprendente cuanto que el historiador Hugo Ott ha tenido abundantes ocasiones para investigar en ese archivo, del cual proviene la mayor parte de sus informaciones.

El documento en cuestión es una carta dirigida por Martín Heidegger a Víctor Schwoerer, uno de los directores de la Notgemeinschaft der deutschen Wissenschaft (el mayor organismo para la organización de la investigación científica alemana de la época), a fin de conseguir una beca para el entonces alumno suyo Eduard Baurngarten. Particular relevancia tiene el hecho de que la carta haya sido escrita en 1929, esto es, en una época muy anterior a la toma de poder por los nazis, precisamente porque su contenido explica así adicionalmente la actitud antisemita inicial del filósofo.

La carta

El texto de la carta es el siguiente:

‘Friburgo, 2 de octubre de 1929.

Muy respetado señor consejero privado (Geheirmrat), en estos días es enviada una solicitud del doctor Baurngarten a la Notgemeinschaft para obtener una beca.

Al informe que envié quisiera agregar aún mi petición personal a usted, muy apreciado señor consejero privado, de querer otorgar a la citada solicitud una atención especial.

Lo que yo podía sugerir sólo indirectamente en mi informe quisiera expresarlo aquí de modo más claro: se trata en todo esto nada menos que de la inaplazable reflexión acerca del hecho de que estamos puestos ante la alternativa de o bien dar a nuestra vida espiritual alemana fuerzas y educadores verdaderamente enraizados en nuestro suelo o dejarla abandonada a la creciente judaización en el sentido amplio y estricto del término. El camino sólo lo podremos recuperar en la medida en que seamos capaces, sin agitación y discusiones estériles, de contribuir a que se desplieguen las nuevas fuerzas.

En relación a esta gran tarea, yo estaría particularmente agradecido si se pudiera ayudar con una beca al señor Baurrigarten, a quien tengo proyectado hacer mi asistente.

En este tiempo vivimos los días más hermosos del otoño en nuestra nueva casa y me alegro cada día por estar unido a la patria mediante mi trabajo.

En sincera veneración, le saludo, muy respetado herr consejero privado, su Martín Heidegger”.

La carta incluye una serie de aspectos que deberán ser ampliados en su significación, pero al menos uno puede ser destacado aqui.

Dos niveles

Las conclusiones de mi estudio y las proposiciones generales ya anteriormente formuladas por Pierre Bourdieu en su excelente estudio sobre la ontología política de Heidegger quisieron ser ignoradas. La hipótesis de que Heidegger hable en dos niveles (uno, oficial y público; otro, críptico pero de base) resulta aquí confirmada explícitamente por el propio filósofo. Lo que él evita formular en el informe oficial va a afirmarlo decididamente en su carta privada, fundándolo en un diagnóstico de principio sobre un momento trascendente de la historia espiritual alemana. Convertido lo judío en amenaza general y originaria, cabe sólo la defensa militante y a ultranza. No se trata, por tanto, ni de una posición política coyuntural, ni tampoco de una pura ideológización, sino precisamente de una concretízación de los conceptos de pueblo, lucha, comunidad del pueblo y sus héroes, tal como ella había sido abstractamente formulada en Ser y tiempo poco tiempo antes.

Se trata de una acción política filosóficamente fundada con el fin de articular las instituciones culturales fundamentales en el horizonte del antisemitismo radical.

El desprecio por lo humano que le es propio hace del fascismo un movimiento histórico miserable e irrecuperable. La relación posterior de Martín Heidegger con Eduard Baurngarten es un testimonio de ello: pocos años más tarde va a enviar Heidegger un nuevo informe secreto a las organizaciones del partido nazi. Esta vez para denunciar las eventuales vinculaciones de Baurmgarten con Ios judíos de Gotinga”, poniendo en peligro su carrera académica. El informe de Heidegger fue descalificado por los propios jerarcas académicos nazis, archivándolo por “estar cargado de odio”.

En una época decisiva como la nuestra, quienes todavía guardan respeto por la verdadera tarea del pensamiento deben cuidarse de querer fundar las alternativas urgentes del futuro en un pasado indisolublemente vinculado al crimen. El mundo no tiene ni debe tener ningún centro porque cada ser humano es un centro. En ello no debe verse una omnipotente racionalidad, sino la transparencia de su principio.

Written by Eduardo Aquevedo

diciembre 20, 2008 at 5:38 am

Publicado en HEIDEGGER

“La gravedad del caso de Martin Heidegger

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Por OSVALDO CUCAGNA *

Se ha publicado en Francia el texto de Emmanuel Faye Heidegger: la introducción del nazismo en la filosofía: alrededor de los seminarios inéditos de 1933.1935. Así como hace casi 20 años la publicación del libro de Víctor Farias Heidegger y el nazismo desató un vendaval en el campo cultural europeo, algo similar ocurre ahora con el libro de Faye, quien visitará Buenos Aires dentro de unos meses, invitado por la Facultad de Filosofía y Letras.

Faye advierte que estamos ante una situación enteramente nueva debido a la publicación en alemán de la edición llamada integral de los cursos y notas de Heidegger. Han aparecido ya 66 volúmenes aparecidos sobre el total previsto de 102; para el período que va de 1933 a 1944, aparecieron veinte volúmenes de cursos y siete volúmenes de notas, muchos más que los que Heidegger había publicado en vida. La edición integral de estas obras es llevada a cabo por su hijo, según el plan establecido por Heidegger mismo. Faye, en su libro, tradujo al francésaquello que le interesaba señalar, incluyendo a pie de página el texto en alemán.

En 1933, como rector de la Universidad de Friburgo, Heidegger pronunció ante los estudiantes de filosofía el elogio de “la reeducación en vista del mundo nacionalsocialista” realizada por Hitler. Exaltó la esencia de la raza originalmente germánica y la voz de la sangre, y propuso la eliminación total del “enemigo interior”. En 1940, evocaba “la fuerza de la esencia oculta de lo aún no purificado de los alemanes”. Según Faye, la obra de Heidegger “debido a su racismo y su hitlerismo ataca al ser humano como tal”.

Entre 1933 y 1944, las correlaciones entre los conceptos heideggerianos y la historia efectiva del Tercer Reich llegan a ser explícitas; en sus cursos de junio de 1934, presentó como modelo de acontecimiento histórico el viaje en avión de Hitler de Munich a Venecia para encontrarse con Mussolini (ya Víctor Farias había señalado este hecho y mostrado el racismo antinegro de Heidegger, que consideraba que los negros no tenían historia y, en cambio, ese avión sí).

Después de 1945 Heidegger juega de nuevo a la indeterminación y al eufemismo y se cuida de decir qué es ese “dios por llegar” del cual Occidente debe, según él, alcanzar su sanación. Sin embargo, cuando se lo lee en el seminario inédito sobre el Estado hitleriano, que Faye publica parcialmente (es la primera parte del seminario sobre Hegel; en castellano se publicó la segunda, ignorando la primera),identifica la relación ontológica entre el ser y el existir y la relación política entre el Estado y el pueblo, definida como “unidad de raza”. Surge de esto que el corazón mismo de su obra está impregnado de nazismo.

Interrogado respecto de escritores como Derrida, Levinas, Ricoeur, Althusser y Nancy, entre otros, que reconocieron una deuda intelectual hacia Heidegger, muchos de los cuales trabajaron o trabajan por la recuperación filosófica de la ciudadanía y de la democracia contemporánea, Faye respondió que cada uno de esos autores representa una posición singular y que sería necesario un estudio particular sobre cada uno de ellos. Señaló que por su parte no iría a buscar una lección de democracia en la obra de un autor que en 1936 y 1937, en el momento del Frente Popular y de la Guerra Civil española, enseñaba que”la democracia es la muerte de Europa”, y que en la entrevista final para Der Spiegel, de 1976, persistió en su rechazo de toda democracia, y manifestó seguir adhiriendo a los principios del nacionalsocialismo de la primera época.

Faye insiste en que nuestra percepción de Heidegger debe ser reconsiderada y que es fundamental y urgente tomar conciencia de la gravedad del affaire Heidegger.

* Psicólogo. Docente en la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

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Written by Eduardo Aquevedo

diciembre 20, 2008 at 2:48 am

Publicado en HEIDEGGER

Filosofía y política en Heidegger

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Enviado por Adolfo Vásquez Rocca el 20/08/2008 a las 10:20 AM

HEIDEGGER; ESCRITOS POLÍTICOS

Introducción Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Heidegger por Adolfo Vásquez Rocca

Escritos políticos de Martín Heidegger [ 1933-1946 Publicado en 2006 © ]


INTRODUCCIÓN

Ver

Heidegger “el último cerebro de la era agraria”; Una aproximación desde Sloterdijk

Introducción

1.-

En estos discurso puede estar la clave “teórica” del compromiso de Martín Heidegger con el III Reich, compromiso político-académico que le hace prestarle su voz al Nacionalsocialismo como único proyecto cultural para el resurgimiento de Alemania.

El III Reich como “obra de arte” tendrá en la alocución de Heidegger del 23 de noviembre de 1933 su aclaración política. “El arte sólo llega al gran estilo cuando incluye totalmente la existencia del pueblo en la marca típica de su esencia”. De esta forma, la constitución del Estado aparecerá como una obra de arte.

Y ante los estudiantes de Tubinga, el 30 de noviembre de 1933, Heidegger describía el proceso de conquista de la nueva realidad, afirma Safranski, “como si se tratara del nacimiento de una obra de arte” porque quien “lucha” es como si estuviera “en el interior de una obra que surge”. El artista-ciudadano del Reich se transforma en “copropietario de la verdad del pueblo en su Estado”. De ahí el proyecto heideggeriano sobre “el campamento de la ciencia” al servicio del auténtico saber alemán; proyecto que se llevó a cabo durante los días 4 al 10 de octubre de 1933, al pie de la cabaña de Todtnauberg. De la Nota de trabajo en la que estoy me parece seria y ajena a las críticas ad hominem; me importa el caso Heidegger por el problema filosófico que conlleva. Y voy entendiendo que este filo de la navaja en donde aparecen como inextricables cultura y barbarie, hermenéutica y violencia, tiene en la esteticización del pensamiento una clave importante para entender ciertas analogías entre el renovador estilo cultural del nazismo y la experiencia artística de la política que hay en Heidegger en tanto, para definirla con Richard Wolin, “política del Ser”.


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Heidegger por Adolfo Vásquez Rocca

2.- Llamamiento internacional por la apertura de los Archivos Heidegger

Heidegger Wars, un introducción: Parafraseando a Nietzsche, podría perfectamente decirse que, desde diversos puntos de vista, Martin Heidegger ha sido, desde 1933, un campo de batalla más que un filósofo. La controversia sobre su relación con el NSDAP, el partido nacionalsocialista, y su admiración fanática por Adolf Hitler, aunque parezca reciente, es de vieja data: ya Herbert Marcuse, su antiguo asistente, en una fecha tan temprana como junio de 1934, en las páginas de la revista del “Institüt für Sozialforschung”, el Zentralorgan de la Escuela de Frankfurt, había escrito un punzante ensayo donde la ontología existencial de Heidegger se ubicaba naturalmente en la corriente antiliberal de la nueva derecha alemana. En Italia un consternado Benedetto Croce, que resistía dignamente al fascismo de Mussolini, en septiembre de 1933 concluía consternado: “…Finalmente, he leído por completo el discurso de asunción al rectorado de Heidegger, que es necio y al vez servil. No me admira el éxito que su filosofar tendrá durante un tiempo: lo vacío y lo general siempre tiene éxito, pero no produce nada. Creo que en la política no podrá tener ningún efecto; pero deshonra a la filosofía, y eso es una lástima también para la política, por lo menos, para la futura…”. En Francia ya en 1933 el filósofo personnaliste Arnaud Dandieu había notado la afinidad esencial entre el nacionalsocialismo y el pensamiento de Heidegger en la “Revue d’Allemagne”; Paul Nizan arremetía contra el fino pornógrafo André Malraux por su filosofía oculta reaccionaria en su novela “La Condition Humaine” (1933), Prix Goncourt, derivada ingenua y acríticamente de “Ser y Tiempo”; en 1936 la “Nouvelle Revue Theologique” publicaba una recensión con la firma de Henri Thielemons en la cual se exponía los elementos comunes entre la filosofía de Heidegger y la “métaphysique du Nazisme”; en 1938 el filósofo Jean Wahl, que luego en su condición de judío pasaría por los campos de la muerte, abría su course de filosofía expresando su indignación por la función pública de Heidegger en el IIIº Reich y su uso de la jerga existencial para imponer el “FührerPrinzip”. Georges Bataille, en un libro inconcluso, llamaba directamente por primera vez a Heidegger philosophe du fascism.

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Heidegger Filosofía Política por  por Adolfo Vásquez Rocca


Habría que esperar la finalización de la Segunda Guerra Mundial, fines de 1944, gracias al trabajo de difusión paradójico de uno de los epígonos de Husserl y Heidegger en Francia, Jean Paul Sartre, quien en su revista “Les Temps Modernes”, re-lanzó el “Fall-Heidegger” y un poco más tarde, entre 1946 y 1947, publicó el seminal ensayo de Karl Löwith (otro antiguo discípulo), escrito en 1939, “Les implications politiques de la Philosophie de l’Existence chez Heidegger”, en el número 14 del mes de noviembre. Como respuesta, en el número de julio de 1947, le intentaron responder a Löwith, en lo que podría considerarse la primera defensa en regla de los heideggeriannes, dos filósofos, el belga A. de Waelhens, traductor del último Husserl y de Heidegger, y el franco-alemán Eric Weil, un antiguo alumno de Cassirer.

Un segundo momento se inició en 1953, con motivo de la re-edición de las lecciones de 1935: Einführung des Metaphysik, en las cuales las referencias originales a la verdad interna y grandeza del movimiento nacionalsocialista (“…inneren Warheit und Grosse das NS…”) fueron grotescamente intertextualizadas, por el mismo Heidegger, con paréntesis y aclaraciones justificatorias; en el escándalo posterior intervino con perplejidad y asombro un desconocido y joven doctorando en filosofía, Jürgen Habermas. Por primera vez, desde la “èpuration” de 1945, Heidegger se ve obligado a aparecer en público, contestando con una carta al diario Die Zeit, año 18, #39, del 24 de septiembre de 1953, titulada: Wie liest man 1953 Sätze von 1935?, las acusaciones de haber tergiversado la edición original de 1935.

La tercera estación se desató después de la publicación de una sucesión de libros que, poco a poco, profundizaban, tanto analítica como filológicamente, en la relación Heidegger-NS-Staat; en orden de aparición salieron a la luz: el injustamente olvidado libro documental de Guido Schneeberger (1962); un poco después, casi simultáneamente, el clásico ensayo de Theodor Adorno (1964) sobre la jerga de la autenticidad y el de A. Schwan (1965). El impacto sobre la opinión pública en Alemania fue de tal magnitud, superando incluso al escándalo de 1953, que obligó a Heidegger a romper su obligado ostracismo y otorgar a la revista “Der Spiegel” una larga y famosa entrevista meticulosamente planificada en 1966. Simultáneamente, en la revista parisina “Critique”, durante 1966 y 1967, se pone en práctica la primera defensa en línea de los heideggerianos franceses, encabezados por François Fédier, la mano derecha y discípulo del polémico antisemita, l’ambassadeur de Heidegger en France Jean Beaufret, donde se ataca histéricamente y en bloque, a los libros de Schneeberger, Adorno, Schwan e incluso un libro poco conocido, y nunca traducido al francés, de P. Hühnerfeld, In Sachen Heidegger. Versuch über deutsche Genie, editado en 1959. Al artículo de Fédier le contestaron, en el número de julio de 1967, Robert Minder, Jean Pierre Faye y Aimé Patri. Luego el debate sobre el “Fall-Heidegger” poco a poco decae, entra en un período de latencia y dormita casi una década, tanto en Alemania como en Francia.

La cuarta fase de la controversia la inauguran una serie de investigaciones que se inician con las sucesivas y decisivas pesquisas debidas al historiador friburgués Hugo Ott en 1983, el conocido libro de Victor Farías de 1987 y lo cierra las biografías menores del historiador revisionista Ernst Nolte en 1993 y Rüdiger Safranski en 1994. Hay que reconocer que fue gracias al “pathbreaking” del libro de Farías, que incorporó e hizo masivas las revelaciones terminantes de Ott que hasta ese momento solo habían aparecido publicadas en revistas institucionales y boletines locales de Freiburg, inaccesibles para el lector profano. Sería por medio de su trabajo archivista incansable que, por primera vez desde 1945, en el “Fall-Heidegger”, la cantidad de hechos, datos e informaciones se trastocarían en calidad. Este hecho dio como resultado que el carácter de la dedicación y el compromiso político total de Heidegger con el NSDAP primero, y con el NS-Staat después, se transformará en un hecho incontrastable, indiscutible y premisa de cualquier debate serio sobre el caso. La incompleta fuente de datos sobre el período 1930-1945 en la vida de Heidegger, muchas veces planificada, había permitido, antes del “corte epistemológico” de Ott en 1983, tanto a la hagiografía heideggeriana como al mismo Heidegger, salvar decorosamente la ropa sucia de su reputación profesional y clausurar todo intento de interconectar su filosofía con la política nacionalsocialista durante casi 30 años. La defensa del Meister sólo repetía, con variaciones personales, las muletillas, las deformaciones y las pequeñas omisiones del canon establecido por Heidegger en el interview de la revista “Der Spiegel”. Se podría decir, sin exagerar, que es a partir de Ott, y gracias su divulgación masiva vía Farías, que en el debate sobre el compromiso y la profundidad de la relación entre Heidegger y el NSDAP, se ha abierto paso la más importante cuestión filosófica: de cómo y de cuánto está implicada la ontología heideggeriana en la decisión política resuelta por el nacionalsocialismo. ¿Se puede extender este apoyo incondicional al NS-Staat, como acto filosófico, hasta el pensamiento primigenio de Heidegger, incluyendo su magnum opus trunca “Sein und Zeit”?.

La quinta y ¿última? batalla de la guerra ya ha comenzado. En 2005, Emmanuel Faye (el hijo del filósofo Jean-Pierre Faye, gran investigador de la ideología totalitaria) publica “Heidegger, l’introduction du nazisme dans la philosophie” (la introducción del nazismo en la filosofía). El libro cita textos desconocidos de Heidegger de los años veinte y se dedica a demostrar los vínculos del filósofo con pensadores racistas que soportaron después el nazismo como Ludwig Clauss, Erich Rothacker, Eugen Fischer o Alfred Baeumler. El libro hace hincapié en los seminarios del invierno 1933-34: Heidegger, como rector, utiliza sus conceptos filosóficos (entre otros, la diferencia entre el ser y el siendo) para analizar la relación entre el Führer y el pueblo alemán. Casi al filo de su salida a ventas el núcleo duro del heideggerianisme, encabezado por su figura más polémica François Fédier, decidió salir nuevamente en defensa del mítico Heidegger resistente al nazismo con una obra colectiva. Pero algo extraño sucedió. Los diarios Le Monde y Le Figaro están de acuerdo: Gallimard acaba de renunciar a publicar un libro sobre Heidegger después de mandar pruebas a varios periodistas y profesores. “Heidegger à plus forte raison”, proyectado libro colectivo editado por Fédier, llegó a tener reseñas en revistas de filosofía antes del verano. Ahora, Gallimard se llama al silencio y no responde a la prensa después de anunciar a Fédier la cancelación de la publicación. Pero se conoce muy bien el contexto de la génesis de la obra detenida antes de su llegada a las librerías. Es para responder a esta visión de la obra de Heidegger como un capítulo de la historia de la ideología nazi que se formó un Einsatzgruppen de diez personas alrededor de Fédier. Querían (la enésima vez) la tarea mitológica de “limpiar” al filósofo alemán de sus acusaciones, al explicar que sus compromisos imprescindibles para sobrevivir en su oficio no quitaron nada de rigor y amor al saber a su pensamiento. Según rumores, el libro fallido ponía en duda la calidad de las traducciones de Faye del alemán al francés. Es una acusación clásica de los debates sobre el nazismo de Heidegger (como el decir que los que lo relacionan con el nacionalsocialismo nunca lo han leído) pero es también una posibilidad de demanda judicial. Y, en especial en Europa, una posibilidad, indirecta, de otra demanda por “Négationnisme” (palabra francesa que designa el hecho de negar la existencia de la exterminación de los judíos por los nazis, un delito castigado por ley).

El texto que presentamos es una campaña internacional que busca la apertura democrática y sin filtros de los archivos de Heidegger. Se basa en una apelación lanzada originalmente en “Le Monde” el 5 de enero de 2006. Hemos traducido el documento completo, eliminando los pasajes específicos que se refieren al sistema educativo francés. La apelación se encuentra en el sitio web de la nueva revista alemana de filosofía on-line “Theologie.Geschichte” de la universidad de Saarbrück. (Nicolas González Varela).

Apelación por la abertura de los Archivos Heidegger

Los llamados “Archivos Heidegger” se encuentran cerrados hasta el año 2026, a gran parte de los investigadores, ya que su hijo y albacea Hermann sólo concede autorización a aquellos que demuestren ser suficientemente confiables. Fue de esta manera que prohibieron el acceso a los archivos a Víctor Farías, autor en 1987 de un libro pionero sobre la relación entre Heidegger y el nazismo. Por lo tanto, la verdad sólo aparece muy lentamente. Ha sido necesario, por ejemplo, que hubiéramos reprochado a sus hijos el haber ocultado que Heidegger había votado por el partido nazi desde el año 1932 para que lo reconocieran públicamente mucho más tarde en una carta enviada al Frankfurter Allgemeine Zeitung el 15 de noviembre de 2005.

Nuevos elementos, sin embargo, son aportados por una antología de cartas con su esposa Elfride Petri. Esas cartas son abrumadoras. Se descubre en efecto la radicalidad del antisemitismo y del racismo que habita en Heidegger a partir de la década de 1910. He aquí lo que dice el 18 de octubre de 1916, en plena guerra, a la entonces su novia: “El ‘enjudiamiento’ de nuestra cultura y de las universidades es en efecto espantoso y pienso que la Raza alemana debería encontrar suficientemente una fuerza interior para llegar a la cumbre” („Die Verjudung unsrer Kultur u. Universitäten ist allerdings schreckerregend u. ich meine die deutsche Rasse sollte noch soviel innere Kraft aufbringen um in die Höhe zu kommen.“ „Mein liebes Seelchen !“ Briefe Martin Heideggers an seine Frau Elfride 1915-1970, hg. von Gertrude Heidegger, Munich, 2005, p.51). Para que la Rasse alemana llegue a la cumbre necesita un Líder, un Caudillo (Führer). A este respecto, muy pronto, Heidegger decidió tomar partido: en su carta del 17 de octubre de 1918, deplora “la pérdida completa de objetivo y el vacío” en “la vida y la constitución del Estado” alemán y concluye: “yo reconozco cada vez de manera más urgente la necesidad de un Caudillo (Führer)”.

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Por otra parte la leyenda de un Heidegger apolítico es barrida por las pruebas presentadas en esta correspondencia. En una carta del 2 de octubre de 1930, comentando un juicio a tres oficiales del Reichswehr (el ejército de la República de Weimar) acusados de alta traición por formar una célula nazi, Heidegger le confiesa a Elfride que posee ya el último ejemplar del diario nazi oficial, el “Völkischer Beobachter, Diario de combate del Movimiento Nacionalsocialista de la Gran Alemania” y que se alegra que “el proceso de Leipzig parece que finalmente caerá sobre los famosos acusadores”. Es pues de un diario nazi de propaganda en el cual Heidegger confía para informarse de la actualidad política y comentarla. Si Heidegger critica, coincidiendo con el incondicional filósofo nazi Alfred Baeumler al que menciona en muchas cartas de este período, el nivel cultural de los nacionalsocialistas y su prensa, no es obstáculo para que destaque que “el Movimiento tiene su misión” (carta del 18 de julio de 1932).

El antisemitismo profundo de Heidegger se puede ver también en sus reflexiones sobre Karl Jaspers y sobre el afecto profundo que siente éste por su mujer, una judía. “Me enfurece ver cómo puede este hombre, puramente alemán, con el instinto más auténtico y que percibe la más alta exigencia de nuestro Destino […] seguir vinculado a su mujer”. “Es en su relación original con los Griegos”, prosigue a Heidegger, “que la metafísica del Dasein alemán podrá convertirse en activa”, y “Jaspers piensa demasiado indudablemente en función de la humanidad” (carta del 19 de marzo de 1933). En resumidas cuentas, Heidegger querría que el Dasein alemán renunciara a todo pensamiento sobre la humanidad como tal y eliminara todo vínculo con los judíos, para estar vinculado exclusivamente a una Grecia mythifiée.

También se revelan en qué términos Heidegger realiza comentarios sobre la Segunda Guerra Mundial: el 18 de mayo de 1940, en el mismo momento que las tropas panzer del IIIº Reich se despliegan sobre Holanda, Bélgica y Francia, Heidegger se congratula de que los alemanes conciban “la soberanía total de la Técnica” de manera muy diferente que en 1917, y no duda en hablar de la “legalidad interior de la tecnificación incondicionada de la guerra” ¡Distamos mucho de sus discursos después de 1945 sobre el carácter errante de la Técnica planetaria asimilada al nihilismo!

Ahora bien las observaciones antisemitas y racistas de Heidegger tienen asimismo repercusión en la misma obra. Las fórmulas de 1916 citadas más arriba sobre el “enjudiamiento” (Verjudung) y sobre la raza alemana constituyen, en efecto, el esbozo de un programa de dominación racial que expondrá una quincena de años más tarde en sus cursos de filosofía, mientras Hitler se mantiene en el poder. Habla entonces de “explotar con profundidad las posibilidades fundamentales de la Esencia de las raíces originalmente germánicas y conducirlas hasta la dominación” (Gesamtausgabe, t.36/37, p.89). Mientras tanto se dedicó en su curso del semestre de verano 1927 a destruir el concepto de género humano, proponiendo traducir el genos griego por las palabras “raza, linaje” y hablando en adelante con el plural “orígenes”. El mismo año afirma en “Ser y Tiempo” que el Dasein auténtico debe ser entendido como Comunidad (Gemeinschaft), como Pueblo, y que éste debe elegir él mismo “a su Héroe” con el fin de “volverse libre para la continuación del combate”. Y a partir del invierno 1929-30, en el curso titulado los “Conceptos fundamentales de la Metafísica”, donde desafía a lo que nombra como “el embrollo político” de la Alemania de Weimar y llama a “ser duros”, abandona la cuestión “¿Qué es el hombre?” por la de “¿Quiénes somos Nosotros?”. En 1933-34, precisa en sus cursos que el “Nosotros” sólo designa al pueblo alemán, sólo él puede tener aún un “Destino”. También en dicha fecha aclara en un seminario que lo que designa como “Salud del Pueblo”, se refiere a “la unidad de Sangre y Origen” y a la “Raza”.

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Si nos referimos al conjunto de los textos citados más arriba, es extremadamente preocupante ver que tanto “Ser y Tiempo” como los dos cursos de los años 1927 y 1929-30, han sido incluidos por primera vez en el programa de la Agrégation en filosofía en Francia. ¿Era necesario endilgar a la Universidad francesa tal carga? ¿El pensamiento no necesita hoy otro tipo de fundamentos?

Se desearía al menos que esta situación propiciara una reconsideración a fondo de los escritos de Heidegger. Ahora bien, para que se haga la luz sobre sus intenciones profundas y sobre su implicación en el nazismo, resulta indispensable que todos los investigadores tengan acceso al conjunto de los archivos de los intelectuales más comprometidos con el hitlérisme, para comenzar por los archivos Heidegger de Marbach y los archivos Baeumler de Munich. Se sabe, en efecto, por una carta a Elfride, que Baeumler continua manteniendo intercambio epistolar con Heidegger en 1943, el mismo año en el cual aparece su elogio de Alfred Rosenberg. Sin embargo, la carta a Baeumler no se hace pública. El Presidente de la República Francesa ha mostrado el ejemplo desclasificando, en 1988, el expediente Heidegger conservado en los archivos del Quai d’Orsay. Esta es la razón por la cual lanzamos una llamada solemne a los responsables, tanto alemanes como europeos, para que el derecho a la verdad histórica y filosófica esté por fin garantizado y que, sesenta años después del final del régimen nazi, estos archivos estén abiertos a todos los investigadores.

Dr. Emmanuel Faye, maître de conférences en filosofía, université de Paris X-Nanterre. Ha publicado entre otros libros “Philososphie et perfection de l’homme. De la Renaissance à Descartes” (Vrin, 199  y “Heidegger, l’introduction du nazismo dans la philosophie” (Albin Michel, 2005).


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Heidegger por Adolfo Vásquez Rocca

3. Precisiones y atenuantes; La defensa filosófica del pensamiento de Heidegger.

El desprecio por las posiciones políticas de Martin Heidegger no puede ser sino necesaria y está fuera de toda duda. Pero el intento de cubrir de fango nacionalsocialista Sein und Zeit (y con ello me refiero también al propio Heidegger en el tristemente famoso discurso del rectorado, y a otros pensadores, se llamen como se llamen), en un acto descaradamente revisionista y simplificador, y que por cierto oculta la sonrojante incapacidad de enfrentarse al texto en su ámbito originario, esto es, en su ámbito radicalmente filosófico, es igualmente deleznable. Heidegger ya había comprendido la Sexta Investigación Lógica de Husserl, crucial en Sein und Zeit, probablemente antes de 1915; la terminología ontológica que define el giro hermeneútico de su fenomenología comienza a estar formulada en 1922; la conferencia Der Begriff der Zeit (1924) es la primera avanzadilla de Sein und Zeit. La segunda, Prolegomena…, de 1925. Ese mismo año Hitler es encarcelado. Para cuando Mein Kampf tenga eco social, pienso, Sein und Zeit ya habrá sido redactada. De todas formas, las fechas carecen de interés cuando uno lee Sein und Zeit: la propia obra es el más poderoso argumento que rebate la supuesta orientación nazi de la ontología fundamental. Siempre que uno se acerque a ella con un mínimo de honradez intelectual, claro. No vale ver en el “ser-total” del Dasein, por ejemplo, una metáfora de la “Gran Alemania”. La ontología es totalizadora per se (desde Aristóteles), precisamente porque es ciencia de (todo) “lo que es”.

Leonardo Said.

Co-editor de Zoología Política.


HEIDEGGER; ESCRITOS POLÍTICOS

Llamada a los estudiantes

Publicado en el Periódico de los estudiantes de Friburgo, el

viernes 3 de noviembre 1933.1

¡Estudiantes alemanes!

La revolución del nacionalsocialismo lleva a un trastorno completo de nuestra existencia como alemanes2.

Tenéis que acordaros, en lo que está aconteciendo, de ser y permanecer siendo siempre los que van adelante, los que siempre están preparados; los que siempre son tenaces y los que nunca cesan de crecer.

Vuestra voluntad de saber busca experimentar lo que es esencial, simple y grande.

Se les hace tarde para afrontar tanto lo que está sujeto a lo inmediato como a lo que compromete a largo plazo.

Sean afirmativos y verdaderos en lo que exigen.

Permanezcan lúcidos y firmes cuando rechacen.

No perviertan el saber que han obtenido en vana posesión personal. Guárdenlo como posesión primera del hombre que dirige en cada oficio popular del Estado Ya no pueden permanecer como simples “oyentes”. Háganse un deber de participar, por el saber y la acción en común, en la obra de lo que será en un futuro la Escuela Superior en donde se formará el espíritu alemán. Cada uno tiene que empezar por poner a prueba y justificar cada don natural y cada ventaja social. Esto se lleva a cabo gracias al poder con el que se compromete la lucha del pueblo entero a través de uno mismo.

Que día a día y hora a hora se consolide la fidelidad de la voluntad de obedecer. Que crezca sin cesar el valor de sacrificarse para salvar lo esencial y hacer brotar la fuerza más intima de nuestro pueblo en su Estado.

Que ni los dogmas, ni las “ideas”, sean las reglas de vuestro ser3.

El Fürher mismo, y sólo él, es la realidad alemana de hoy y del futuro, así como su ley. Aprendan profundamente que siempre cada cosa exige decisión y cada acto responsabilidad.

¡Heil Hitler!

Heidegger zoolog�a pol�tica

Heidegger por Adolfo Vásquez Rocca

Llamada a los alemanes.

Publicado en el Periódico de los estudiantes de Friburgo

el viernes 10 de noviembre de 19334.

¡Alemanes, alemanas!

El pueblo alemán ha sido llamado por el Führer para votar. Pero el Führer no solicita nada del pueblo. Él otorga, más bien, la posibilidad más directa de la decisión libre y suprema: ¿el pueblo entero quiere o no su propia existencia?5

Este voto no puede ser comparado con ninguno de los otros escrutinios que han tenido lugar hasta la fecha. La singularidad de este voto proviene de la simple grandeza de la decisión que se trata de tomar. Pero el carácter inexorable de lo simple y último no permite ni que oscilemos, ni que titubeemos. Esta decisión última lleva lejos, e incluso pone en juego nuestro pueblo en la frontera misma de su existencia, que es la de preservar y salvaguardar su propio ser. Por ahí se erige una barrera entre lo que puede ser exigido al pueblo y lo que no. En el nombre de esta ley fundamental del honor, el pueblo salvaguarda la dignidad y la determinación de su ser.

No es la ambición, la pasión de la gloria, la voluntad ciega por querer singularizarse, no el apetito de poder, sino únicamente la voluntad lúcida de ser uno mismo sin restricción en la carga de su responsabilidad y el dominio del destino de nuestro pueblo, lo que ha incitado al Führer a salir de la “Sociedad de las Naciones”.

Eso no significa darle la espalda a la comunidad de los pueblos. Al contrario, nuestro pueblo, a través de este paso, se coloca bajo la autoridad de esta ley esencial para toda existencia humana, a la cual todo pueblo debe primero obediencia si quiere seguir siendo un pueblo6.

Es a partir de esta obediencia, idénticamente orientada hacia la exigencia absoluta de asumir sus responsabilidades, como surge únicamente la posibilidad de tomarse mutuamente en serio, a fin, precisamente por eso, de declararse a favor de una comunidad.

Querer una verdadera comunidad de los pueblos, es algo que se distingue tanto de una fraternización universal inconsistente, y que no compromete a nada, como de una ciega dominación tiránica. Esta voluntad obra por encima de esta oposición. Engendra la apertura y la valentía, en el seno de las cuales, pueblos y Estados pueden sostenerse tanto respecto de sí mismos como los unos de los otros.

La elección que el pueblo alemán debe ahora hacer, sólo como acontecimiento, -e independientemente del resultado- es ya lo que confirma aún más fuertemente la nueva realidad alemana, la del socialismo nacional y su Estado.

Nuestra voluntad de ser popularmente responsables de nosotros mismos, esta voluntad quiere que cada pueblo encuentre y salvaguarde la grandeza y la verdad de su destino. Esta voluntad es la garantía suprema de la seguridad de los pueblos; pues ella misma se une con la ley fundamental del respeto de hombre a hombre y del honor sin condiciones.

El 12 de noviembre, el pueblo alemán entero va a escoger su futuro. Este futuro está ligado al Führer. El pueblo no puede elegir el futuro únicamente sobre la base de lo que se llama consideraciones de política exterior, deposite en la urna una papeleta inscrita con un “sí”, sin incluir en este “sí” al Führer y al movimiento que son uno solo, incondicionalmente con él. No está de un lado la política exterior y del otro la política interna. Hay una única voluntad, la que quiere la existencia plena y total del Estado.

Esta voluntad, llegó con el Führer al despertar a su pueblo entero, y es la que él ha fundido en una única decisión.

¡Nadie puede abstenerse el día en el que se debe declarar esta voluntad!

http://homepage.newschool.edu/~quigleyt/vcs/jameson/evans.gif

Nacional-Socialismo, Política y Filosofía  por Adolfo Vásquez Rocca

Discurso pronunciado en Leipzig.

Sábado 11 de noviembre 19337.

¡Profesores alemanes y camaradas!

¡Compatriotas alemanes y alemanas!

Al pueblo alemán lo llama el Führer para votar: pero el Führer no solicita nada del pueblo, da más bien al pueblo la posibilidad la más directa de la decisión libre y suprema: ¿el pueblo entero quiere su propia existencia, si o no?

El pueblo va a elegir mañana nada menos que su porvenir.

Este voto no puede ser comparado en nada con otros escrutinios que se han llevado a cabo hasta la fecha. La singularidad de este voto se debe a la grandeza de la decisión que se trata de tomar. Pero el carácter inexorable de lo simple y de lo definitivo no acepta que se vacile. Esta decisión definitiva va muy lejos, hasta el punto de poner a nuestro pueblo en el límite (Grenze) mismo de su propia existencia. ¿Y en qué consiste este límite? Consiste en la exigencia primera de todo ser (Seins), la de guardar y salvaguardar su propia esencia (sein eigenes Wesen). Por eso mismo se erige un límite ente lo que sí puede ser requerido de un pueblo y lo que no. En el nombre de esta ley fundamental del honor, el pueblo salvaguarda la dignidad y la determinación de su manera de vivir. La voluntad de responsabilizase, sin embargo, no es solamente la ley fundamental de la existencia de nuestro pueblo; es, a la vez, el acontecimiento fundamental en el cual toma toda su realidad el Estado del nacionalsocialismo. Esta voluntad de responsabilizarse conlleva que el trabajo destinado a cada categoría social, arriba o debajo de la escala, accede con una necesidad igual al lugar y al rango (Rang) que es el suyo. El trabajo de las diversas categorías sociales lleva y reafirma la estructura en la cual vive el Estado; por el trabajo, el pueblo reconquista su autoctonismo atrasado (seine Bodenständigkeit zurück8); el trabajo transforma este Estado, como realidad del pueblo, en el seno del campo de acción de todos los poderes esenciales del ser de los hombres.

No es la ambición, la pasión de la gloria, la voluntad ciega por querer singularizarse, no el apetito de poder, sino únicamente la voluntad lúcida de ser uno mismo con absoluta responsabilidad en la toma en cuenta y en el dominio del destino de nuestro pueblo, que ha incitado al Führer a salir de la “Sociedad de las Naciones”9. Eso no significa darle la espalda a la comunidad de los pueblos. Al contrario, nuestro pueblo, gracias a este paso, se coloca bajo la autoridad de esta ley esencial para toda existencia humana, a la cual todo pueblo debe primero obediencia si quiere seguir siendo un pueblo10.

Es a partir de esta obediencia, idénticamente orientada hacia la exigencia absoluta de asumir sus propias responsabilidades, como únicamente surge la posibilidad de tomarse recíprocamente en serio con el fin, por eso mismo, de declararse a favor de una comunidad. Desear una verdadera comunidad de los pueblos es algo que se distingue tanto de una fraternización universal inconsistente, y que no compromete a nada, como de una ciega dominación tiránica. Esta voluntad obra por encima de esta oposición. Engendra la apertura y la valentía, en el seno de las cuales, pueblos y Estados pueden sostenerse tanto por sí mismos como los unos respecto de los otros.

¿Qué ocurre, entonces, con tal querer? ¿Será volver a la barbarie? ¡No! ¡Es darle la espalda a la práctica de las negociaciones vacías y de los asuntos de sobornos, recurriendo a la única y gran exigencia de actuar con toda responsabilidad! ¿Conllevará eso desencadenar la ausencia de leyes? ¡No! Es profesar lúcidamente la inviolable independencia de todo pueblo. ¿Es renegar del espíritu de creación de un pueblo de tradición espiritual y hacer pedazos su herencia histórica? ¡No! Es la ruptura que marca la nueva marcha de una juventud que ha conocido un barniz de ilustración y reencuentra ahora las raíces de donde ella va a sacar su crecimiento. Aspirando al Estado, la voluntad de esta juventud va a volver a este pueblo duro para él mismo y lleno de consideraciones respecto a toda obra de buena ley.

¿De qué tipo de acontecimientos se trata entonces? El pueblo recupera la verdad de su voluntad de existir (Daseinwillens); porque “verdad” no es otra cosa que la plena manifestación (Offenbankeit) de lo que devuelve a un pueblo seguro, claro y fuerte en su acción y su saber. De una tal verdad surge la auténtica voluntad de saber. Y esta voluntad de saber (Wissenwollenn) limita a lo que puede saberse (Wissensanspruch)11. Es de ahí, finalmente, como son medidos los límites desde los que un verdadero cuestionamiento (Fragen) y una verdadera investigación (Forschen) deben establecer sus bases y hacer sus pruebas. Para nosotros, es a partir de ahí por lo que la ciencia tiene su origen (Ursprung). Está ligada y se trae de nuevo a la necesidad de una existencia nacional étnica (völkischen Daseins) responsable de sí misma. Por poco que haya pasado por esta necesidad, la ciencia es entonces la pasión pedagógica de querer saber para volver sabio. Pero sabio, para nosotros, significa: ser dueños de las cosas con toda lucidez y estar dispuestos para actuar.

Nosotros nos hemos liberado de la idolatría de un pensamiento sin suelo ni fuerzas. Nosotros vemos el final de la filosofía que se puso a su servicio12. Nosotros aquí estamos seguros de esto: la lucidez tajante, la seguridad experta de las obras de pensamiento elemental, sin ninguna complacencia respecto de la búsqueda de la esencia del ser que está a punto de regresar. El valor original en el debate con el ser, o bien crece a su contacto o bien se rompe; este valor es el motivo más intimo del cuestionamiento propio de una ciencia nacional étnica.13 Pues el valor invita a ir siempre hacia delante, rompe con lo que ha tenido curso hasta ahora, arriesga lo inhabitual y lo imprevisible. Preguntar, para nosotros, no es el juego gratuito de la curiosidad. No es tampoco la terquedad obstinada en la duda a cualquier precio. Preguntar significa para nosotros: exponerse a la sublimidad de las cosas y de sus leyes; significa para nosotros: no cerrarse al pavor del sobresalto frente a lo indomable, ni al desasosiego que nos embarga ante la oscuridad. Es para poder cuestionar así por lo que preguntamos; y no estamos al servicio de los que ya terminaron por cansarse, ni de los necesitados de necesidad apacible junto a sus respuestas confortables. Nosotros lo sabemos: el valor de caminar con nuestras preguntas al borde de los abismos de la existencia, el no ceder jamás al vértigo de los abismos de la existencia (Abgründe des Daseins), este valor ya es en sí una respuesta más importante que cualquier información aportada por sistemas conceptuales artificialmente construidos.

Y así nosotros declaramos (bekennen14), nosotros a quienes debe ser confiada en el futuro la protección de la voluntad de saber de nuestro pueblo, declaramos: la revolución del nacionalsocialismo no es simplemente la puesta en marcha por otro partido de un poder ya existente en el Estado, partido que habría crecido para este fin. Al contrario, esta revolución conduce al trastorno completo de nuestra existencia de Alemanes. En lo sucesivo cada cosa exige decisión, y cada acto responsabilidad. Nosotros estamos seguros de que la voluntad de ser responsables de sí llega a ser la ley de la coexistencia de los pueblos, y que cada pueblo podrá y cada pueblo deberá necesariamente ser capaz de enseñar a todos los demás la riqueza y la fuerza de las grandes acciones y las grandes obras del ser de los hombres.

La elección que el pueblo alemán tiene ahora que hacer, ya por el solo hecho de ser un acontecimiento -y por completo independiente del resultado- es lo que ya atestigua más fuertemente la nueva realidad alemana del Estado nacionalsocialista. Nuestra voluntad de ser nacionalistas étnicamente15 responsables de nosotros mismos, esta voluntad quiere que cada pueblo encuentre y salvaguarde la grandeza y la verdad de su destino. Esta voluntad es la suprema garantía de la paz entre los pueblos, porque ella misma se une a la ley fundamental del respeto de hombre a hombre y del honor sin condiciones. El Führer ha llevado a esta voluntad a su pleno despertar en el pueblo entero; es ella a quien él ha fundido en una sola decisión. Nadie puede abstenerse el día en que deba declararse esta voluntad.

¡Viva Hitler!16

1 GA, 16, 184.

2 “Die nationalsozialistiche Revolution bringt die Völlige Unwälzung unseres deustchen Daseins”.

3 “Nicht Lehrsätze und >>Ideen<<>

Der Führer sebst und allein ist die heutige und künftige deustcge Wirlichkeit und ihr Gesetz. Lernet immer tiefer zu wissen: Von nun an fordert jedwedes Ding Entscheidung und alles Tun Verantwortung”. Oc, 16, 188.

4 GA, 16, 188-189.

5 “Das deustche Volk ist vom Führer zur Wahlgerufen. Der Führer aber erbittet nichts vom Volk. Er gibt vielmehr dem Volk die unmittelbare Möglickkeit der höhsten freien Entschneidung: ob es -das ganze Volk- sein eigenes Dasein will oder ob es dieses nicht will. Oc, 188.

6 Esta idea será ampliamente desarrollada en otro escrito: Para entenderse en comunidad acerca del fundamento

7 GA, 16, 190-193.

8 GA, 16, 190.

9 >>Liga der Nationen<<. Oc, 191.

10 Das ist nicht Abkher von der Gemeinschaft der Völker, im Gegenteil: Unser Volk stellt sich mit diesem Schritt unter jenes Wesengsgesetz menschlichen Seins, dem jedes Volk zuvörderst Gefolgschaft leisten muB, will es noch ein Volk sein.” Oc, 191.

La ley esencial para la existencia humana -como ya puede verse en Ser y tiempo, parágrafos 72 a 77- es la misma unidad y cuidado (Sorge) de la comunidad que hace ser auténticamente singular a un pueblo. De la forma del “diálogo” entre un pueblo y otro, entre una verdadera comunidad y otra, da detenida cuenta el escrito Para entenderse en comunidad acerca del fundamento. Un posible diálogo entre Francia y Alemania. Véase más adelante, p. 50 ss. Pero lo que ahí se trasluce (y desarrolla a lo largo de todos estos escritos) es la conjunción ontológico-existencial y política entre el nacionalismo étnico (völkisch) y la “vuelta atrás” en busca de lo “autóctono”. Por lo que la “ley esencial” de la existencia de un pueblo está, para Heidegger, en el cuidado de la tierra y el cuidado de la raza. Tal y como se corresponde con la Autoafirmación de la Universidad alemana: “Y el mundo espiritual de un pueblo no es una superestructura cultural como tampoco un arsenal de conocimientos y valores <>, sino que es el poder que más profundamente conserva las fuerzas de su raza y de su tierra, y que, como tal, más íntimamente excita y más ampliamente conmueve su existencia” (GA, 16, 112; traducción de Ramón Rodríguez. Tecnos, Madrid, 1989, p. 12-13).

11 Oc, 191.

12 Wir haben uns losgesagt von der Vergöntzung eines boden- und machtlosen Denkens. Wir sehen das Ende der ihm dienstbaren Philosophie”. Oc, 192.

13 Der ursprüngliche Mut, in der Auseinandersetzung mit dem Seienende an diesem entweder zu wachsen oder zu zerbrechennen, ist der innerste Beweggrund des Fragens einer völkischen Wissenschaft. Oc, 192.

14 Se trataba de una declaración pública.

15 Unser Wille zur völkischen Selbtverantwortung will, (…). Oc, 193. Es difícil la traducción; pero no se trata simplemente de una voluntad nacional, sino de su esencia étnica o völkisch.

16 Casi un mes después, Heidegger se dirige como Rector al Decano en carta fechada el 13 de diciembre de 1933. Consta en el registro oficial con el número 12333. Esta carta está estrechamente relacionada con la conferencia de Leipzig y en este sentido: Heideger pide la ayuda económica del Decano -10000 RM-para una suscripción con la finalidad de llevar a cabo la publicación de la profesión de fe de los profesores al nacionalsocialismo; libro que recogería, como así fue, las diversas colaboraciones de los citados profesores en torno a la “manifestación de la ciencia alemana”. En esta carta-petición Heidegger se refiere al futuro documento con el término Denkschrift“Es bedarf Keines besonderen Hinweises, daB Nichtarier auf dem Unterschrifftenblatt nicht erscheinen solle.” (GA, 16, 217). En la manifestación de la ciencia alemana no caben los “no arios”. Por eso creemos que la traducción “nacionalista étnico” dado a la palabra nazi völkisch es la correcta. (GA, 16, 216). Solicita, a su vez, que el dinero sea mandado a una cuenta del Stadtbankkonto de Dresde, 69517, perteneciente a las siglas >>NSLB-Sachsen, Schriften<<, es decir, Liga de profesores nacionalsocialistas de Dresde. La carta tiene una coda interesantísima que dice así:

Filosofía y Política en Heidegger por Adolfo Vásquez Rocca

Martin Heidegger

Alocución a los trabajadores

Lunes 22 de enero 19341

¡Compatriotas alemanes! ¡Trabajadores alemanes!

Como Rector de la Universidad, les deseo una bienvenida cordial en esta casa de estudios. Que esta bienvenida sea, desde ahora, el principio de un trabajo en común. Comenzamos enfrentándonos a lo que tiene de inaudito el hecho de que ustedes, trabajadores del programa de emergencia de la ciudad de Friburgo, se hayan reunido con nosotros en el más grande anfiteatro de la Universidad.

¿Que significa esto?

Por amplias medidas, de un género nuevo, para crear trabajo la ciudad de Friburgo les ha permitido recobrar el trabajo y el pan. Se benefician de este modo de una situación ventajosa respecto de los desempleados de la ciudad. Pero esta ventaja conlleva, a la vez, una obligación. Su deber es concebir esta creación de trabajo, y tomar en cuenta el trabajo que se les ha dado, tal y como lo pide el Führer de nuestro nuevo Estado (wie das der Führer unseres neuen Staates verlangt). Crear trabajo, en efecto, no es solamente suprimir una situación emergente externa, no es solamente alejar una falta interna de valor, incluso de esperanza. Crear trabajo no es únicamente apartar lo que oprime -es, a la vez y propiamente hablando, ser constructivo, y levantar el nuevo futuro de nuestro pueblo.

La creación de trabajo tiene primero que otorgar a los compatriotas sin trabajo y sin ingresos la capacidad de existir2 en el seno del Estado y a la vista de él, y por eso mismo, a la vista del pueblo entero. El compatriota que encontró trabajo debe hacer la experiencia de que no está marginado, darse cuenta que tiene su lugar dentro del ordenamiento global del pueblo y entender que todo servicio, así como todo trabajo otorgado, tiene un valor que le es cada vez propio, no solamente intercambiable conmutativamente por otros trabajos o servicios. A partir de esta experiencia, no dejará, ante si mismo, de recobrar la justa dignidad y el justo equilibrio y, ante los otros compatriotas, recobrar su seguridad así como toda su determinación.

He aquí la meta: hacerse fuerte para existir enteramente como compatriota en el seno de la comunidad del pueblo alemán.

Pero para eso, es necesario: saber qué lugar ocupa uno como miembro de este pueblo, saber cómo este pueblo se articula y, dentro de esta articulación, cómo se renueva, saber lo que le pasa al pueblo alemán en este Estado del nacional-socialismo, saber en qué dura lucha esta nueva realidad fue conquistada y engendrada, saber a dónde ha conducido al ser humano la urbanización en Alemania , y cómo él debe ser llevado de nuevo a habitar la tierra del campo, saber lo que implica el hecho de que 18 millones de alemanes pertenezcan a este pueblo, pero no al Reich porque viven fuera de sus fronteras.

Cada trabajador, en nuestro pueblo, debe saber por qué y para qué está ahí donde se mantiene. Es solamente gracias a este saber vivo y siempre presente por lo que su vida va a poder enraizarse en el todo que forma este pueblo, y dentro del destino de este pueblo. Por eso es tan importante dar este saber a los desempleados como el de darles un trabajo. Es su derecho y, también, su deber, exigir este saber así como hacer lo necesario para adquirirlo5.

Por lo tanto, he aquí que tenemos jóvenes camaradas de la Universidad que se muestran preparados para procurarles este saber. Heles aquí resueltos a proporcionarles ayuda, a fin de que este saber, en ustedes, se avive, se despliegue, se afirme -para ya no torcerse jamás. Están preparados no en tanto “habiendo hecho estudios” y viniendo de la clase de la “gente bien” –sino en tanto compatriotas que han tomado conciencia de su deber.

Están preparados no como “gente culta” frente a un estrato, llamémosle, inclusive, un “estrato inferior” de personas incultas -sino como camaradas. Están preparados para escuchar sus preguntas, sus necesidades, sus dificultades y sus dudas, para examinarlos junto con ustedes y, en un trabajo en común, a llevarlas a clarificarse, esclarecerse y concretarse en una solución. ¿Qué significa, entonces, el hecho de que ustedes estén aquí reunidos con nosotros en este anfiteatro de la Universidad?

Este hecho viene a ser la señal de que una voluntad nueva, una voluntad común esta ahí, esta voluntad es la de crear un puente viviente entre el trabajador manual y el trabajador intelectual. La voluntad de tender hoy día este puente ya no es una intención condenada al fracaso. ¿Por qué? Porque, gracias al Estado del nacionalsocialismo, nuestra realidad alemana se ha convertido en otra: por lo que, y en consecuencia, todas las representaciones y todos los pensamientos que han sido concebidos hasta hoy también deben ser diferentes.

Lo que atribuíamos hasta hoy a las palabras “saber” y “ciencia” tienen otro significado.

Lo que pensábamos con las palabras “trabajador” y “trabajo” toman otro significado.

Ciencia” no es lo que distrae a una clase privilegiada, la de los burgueses, los cuales, inclusive, abusarían de esta posesión para utilizarla como medio de lucha para la explotación del pueblo trabajador. Al contrario, la ciencia no es otra cosa que el modo más riguroso, más responsable, de este saber que el pueblo alemán entero debe exigir y encontrar para existir en sentido propio en la historia y como Estado, si es que este pueblo quiere todavía salvaguardar su duración y su grandeza y, en el futuro, defenderlas. El saber de una ciencia de buena ley no se distingue en absoluto en su esencia del saber de los campesinos, del leñador, del albañil, del minero, del obrero. Porque saber significa: no estar perdido en el mundo en el que nos encontramos todos, tan bien en común como cada uno individualmente.

Saber, significa: en el momento crítico de la decisión y en la manera de proceder, estar a la altura de la tarea que a cada uno nos es consignada. Verdadera tarea que puede ser tanto arar un campo, derribar un árbol, cavar una zanja, interrogar a la naturaleza en cuanto a sus leyes como hacer resurgir la historia en su poder como destino.

Saber significa: ser amos de la situación en la que estamos situados.

Lo que es decisivo respecto al saber no es tanto la variedad y la cantidad de lo que sabemos, sino exclusivamente esto: ¿está el saber a la altura y ha sido sacado del origen? ¿Está orientado por nuestra esfera de existencia? Y nosotros mismos, en lo que hacemos y en nuestro comportamiento, ¿nos hacemos custodios de lo que sabemos? Nosotros no hacemos la diferencia entre “gente culta” y “gente inculta”. Y esto se debe no a que nosotros ya no hagamos diferencias, sino a que nuestra apreciación ya no se basa en esta diferencia. La diferencia, al contrario, la hacemos entre saber de buena ley y apariencia de saber. El campesino y el obrero, cada uno a su manera y en su dominio, poseen un saber de buena ley, así como el sabio en su propio campo. Y, por otro lado, el sabio, a pesar de toda su erudición, puede moverse sólo en una apariencia de saber.

Si se trata para ustedes de llegar a ser aquí personas que saben, esto no significa que se les va a servir restos y migajas de una vaga “cultura general”, una limosna, en cierto sentido, a título de reparación. En vosotros debe, más bien, despertarse el saber en virtud del cual podéis ser, cada uno en su categoría social y en su esfera de trabajo, clara y resolutivamente hombres alemanes.

Saber y posesión del saber, en el sentido en que el nacionalsocialismo entiende estas palabras, no separa en clases, sino que une a los compatriotas y funde las categorías sociales en la gran voluntad única del Estado.

De la misma manera que las palabras “saber” y “ciencia”, las palabras “trabajador” y “trabajo” han visto transformado su significado y suenan a nuevo. El “trabajador” no es, como lo requería el marxismo, el puro y simple objeto de la explotación. La categoría de los trabajadores no forma la clase de desheredados, quienes se comprometen en una lucha de clases generalizada. Ahora bien, el trabajo no es tampoco únicamente la producción de bienes intercambiables con otro. El trabajo no es solamente la ocasión y el medio de ganar un salario..

Lejos de ahí:

Trabajo” es, para nosotros, el nombre que se da a toda manera silenciosa de hacer y de emprender que comporta una regla y donde se encuentra comprometida la responsabilidad del individuo, del grupo y del Estado -de tal modo que está al servicio del pueblo.

Trabajo no hay más que aquí –pero hay trabajo en todas partes- en donde la libre fuerza de decisión y el libre aguante del hombre se ponen en juego para que unas voluntades acaben imponiéndose y una tarea se cumpla. He ahí por qué todo trabajo, en tanto que trabajo, es bueno; algo que revela el pensamiento porque [el trabajo] descansa sobre el libre reino de un conocimiento que sabe de qué se trata, y sobre un entendimiento en buena y debida regla de lo que la tarea, fundado sobre un verdadero saber, requiere. El trabajo proporcionado por un peón no revela, en el fondo, menos inspiración que la que necesita un sabio.

Trabajador y trabajo, en el sentido que el nacional-socialismo entiende estas dos palabras, no separa en clases; al contrario, une y relaciona a los compatriotas y las categorías sociales dentro de la única gran voluntad del Estado.

Los trabajadores” y “los que conocen de manera sabia” no son polos antagónicos. Cada trabajador es, a su manera, alguien que sabe. Y es, solamente, en tanto que sabe por lo que él está en estado de trabajar. El animal no conoce la prerrogativa de trabajar; al contrario: todo ser emprende algo a sabiendas, todo ser que toma decisiones en función de una ciencia es un trabajador.

Es por eso que, en vosotros como en nosotros, la voluntad de tender un puente viviente ya no puede quedarse en un deseo vacío y sin perspectivas de realización. Esta voluntad de perfeccionar la creación de trabajo por una equitativa creación de saber, esta voluntad debe ser para nosotros una certidumbre del todo íntima y una fe que nada en lo absoluto debilite. Porque en lo que esta voluntad quiere, no hacemos más que obedecer a la voluntad eminente de nuestros Guías (Führers). Formar parte de los que le consagran obediencia, ¿acaso no significa: querer inquebrantablemente y en cada instante que el pueblo alemán, como pueblo del trabajo, vuelva a encontrar su unidad concreta, su simple dignidad, su fuerza original, y que como Estado del trabajo se asegure su duración y su grandeza?

Para el hombre de esta voluntad extraordinaria, para nuestro Führer Adolf Hitler, un triple <<Sieg-Heil!>>.

1 GA, 16, 232-237.

2 daseinsfähig; oc, 232.

adolfovrocca.bligoo.com

Written by Eduardo Aquevedo

diciembre 20, 2008 at 2:25 am

Publicado en HEIDEGGER

Nuevo escándalo Heidegger / Gallimard

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EL FACTOR HEIDEGGER

Los diarios Le Monde y Le Figaro están de acuerdo: Gallimard acaba de renunciar a publicar un libro sobre Heidegger después de mandar pruebas a varios periodistas y profesores. Heidegger à plus forte raison (Aún más Heidegger), libro colectivo editado por François Fédier, llegó a tener unas reseñas en revistas de filosofía antes del verano. Ahora, Gallimard se calla y no responde a la prensa después de anunciar a Fédier la cancelación de la publicación.

Hace ya veinte años que Martín Heidegger (1889-1976) es un factor recurrente de discordia y de malestar entre los filósofos franceses. Desde 1987, para ser más preciso. La publicación de Heidegger y el nazismo de Víctor Farias nunca fue superada por una clase intelectual que, detrás de Sartre y del post-estructuralismo, hizo tanto caso a un pensador que asumió el cargo de rector de una universidad (Friburg) en la época nazi.

No hay más que rumores para explicar las razones de la renuncia de Gallimard. Pero se conoce muy bien el contexto de la génesis de la obra detenida antes de su llegada a las librerías. En 2005, Emmanuel Faye (el hijo del filósofo Jean-Pierre Faye) publica Heidegger, l’introduction du nazisme dans la philosophie (la introducción del nazismo en la filosofía). El libro cita textos desconocidos de Heidegger de los años veinte y se dedica a demostrar los vínculos del filósofo con pensadores racistas que soportaron después el nazismo como Ludwig Clauss, Erich Rothacker o Alfred Baeumler. El libro hace mucho caso a ciertos seminarios del invierno 1933-34: Heidegger, como rector, utiliza sus conceptos filosóficos (entre otros, la diferencia entre el ser y el siendo) para analizar la relación entre el Führer y el pueblo alemán.

Es para responder a esta visión de la obra de Heidegger como un capítulo de la historia de la ideología nazi que se formó un grupo de diez personas alrededor de François Fédier. Querían (otra vez) limpiar al filósofo alemán de sus acusaciones, al explicar que sus compromisos imprescindibles para sobrevivir en su oficio no quitaron nada a su pensamiento. Según varios rumores, el libro ponía en duda la calidad de las traducciones de Faye del alemán al francés. Es una acusación clásica de los debates sobre el nazismo de Heidegger pero, claramente, es también una posibilidad de demanda judicial. Y, sobre todo, una posibilidad, indirecta, de otra demanda por “négationnisme” (palabra francesa que designa el hecho de negar la existencia de la exterminación de los judíos por los nazis, lo que es un delito castigado por la ley).

Al final, vemos que Heidegger (otra vez) no se recupera y al contrario pierde un poco más su prestigio. Ya su imagen cambió en la prensa, incluida la prensa de izquierda. Es un autor que en Francia se vincula de manera confusa con el nazismo. Pero es todavía un autor que hace parte del programa del concurso de “agregación”, el concurso que se debe superar para ser profesor de filosofía en las universidades. ¿Hasta cuándo?

http://www.elboomeran.com

[Publicado el 29/9/2006 a las 10:37]

septiembre 29, 2006

Nuevo y penoso escándalo. Gallimard, editor histórico de Heidegger, en francés, ha renunciado a publicar una colección de ensayos que salen al paso de un libro titulado Heidegger, l’introduction du nazisme en philosophie, denunciando una manipulación de la peor especie política.

Aparentemente, Gallimard pudiera haber cedido a las presiones de un cierto “terrorismo” intelectual.

Sin entrar personalmente en la polémica, muy cruda, a título “entomológico”, como documentos de trabajo y “memoria”, recojo las crónicas publicadas al respecto por Le Figaro y Le Monde:

LE FIGARO, 28 septiembre 2006

Gallimard renonce à publier un livre sur Heidegger

Paul-François Paoli

La non-parution d’un ouvrage consacré au penseur allemand suscite surprise et interrogation

HEIDEGGER à plus forte raison ne verra pas le jour chez Gallimard. Ce projet d’ouvrage collectif – qui devait paraître à la rentrée et se voulait, tout autant une élucidation des liens entre la pensée de Heidegger et son attitude personnelle durant la période nazie, qu’une riposte à Emmanuel Faye qui a défrayé la chronique l’an dernier avec son ­livre Heidegger, l’introduction du nazisme en philosophie (1) – a été brusquement interrompu.

Pour François Fédier, philosophe et traducteur de Heidegger, les éditions Gallimard ont craint un procès de la part d’Emmanuel Faye, dont les compétences philosophiques et linguistiques étaient mises en cause par les auteurs de l’ouvrage et qui, selon ceux-ci, se serait livré à des «intimidations», en envoyant aux journalistes des mises en garde sur le contenu du ­livre à paraître.

Des « révisionnistes » déguisés

Outre la contribution de François Fédier, qui a consacré sa vie à l’oeuvre du penseur allemand, Heidegger à plus forte raison comprenait celles de Marcel Conche, professeur à la Sorbonne, et de philosophes comme Gérard Guest ou Pascal David. L’ensemble du livre était une réfutation de la thèse d’Emmanuel Faye, accusé par les auteurs de considérer la pensée de Heidegger comme une gnose totalitaire sophistiquée et de percevoir les heideggeriens tel François Fédier comme des ­« révisionnistes » déguisés.

Pour ce dernier, l’obsession anti-heideggerienne d’Emmanuel Faye, maître de conférences à l’université de Nanterre, relève de la « paranoïa » : « Je n’avais pas au départ le projet de réfuter la thèse de Faye, tant elle est aberrante ; c’est Marcel Gauchet, le directeur du Débat chez Gallimard, qui m’a suggéré de le faire, parce que pour lui le livre de Faye relevait de la police de la pensée et dépassait les bornes de l’acceptable sur le plan de l’honnêteté intellectuelle. »

Point de vue partagé par Pascal David, philosophe et germaniste, qui enseigne à l’université de Brest et n’hésite pas à parler d’une « petite affaire Kravchenko ». « Faye est un mauvais germaniste qui commet des contresens sur les mots employés par Heidegger, affirme celui-ci, qui regrette que sa thèse complaisemment ­relayée par Roger Pol Droit ait nourri une campagne éhontée ­contre le penseur à travers Le Monde, Le Point, Le Nouvel Obser­vateur et Libération. »

Chez Gallimard, on réfute l’idée qu’une quelconque pression médiatique soit à l’origine de l’abandon du projet ; mais l’on ­admet que le livre comportait des « passages gênants », ­notamment une défense par Fédier de Jean Beaufret, introducteur et ami de Heidegger en France après la guerre, qui fut accusé de propos « négation­nistes ». Un point que conteste ­Fédier qui affirme avoir modifié son texte sur ce sujet pour éviter les malentendus.

«Le livre paraîtra ailleurs»

En outre, la polémique et la trop grande « personnalisation » du ­débat, qui ne sont pas « le genre de la maison » ont certainement joué dans l’interruption du projet. De son côté, Philippe Sollers, éditeur chez Gallimard qui a consacré le numéro du mois de juin de la ­revue L’Infini à Heidegger et soutenu l’initiative de François ­Fédier, regrette vivement l’abandon du projet. « Il y a une volonté étrange de la part d’un certain nombre de gens de mettre Heidegger dans une bibliothèque nazie pour mieux éviter de le lire alors que son oeuvre fait partie du programme de l’agrégation de philosophie. » Sollers ajoute : « Et l’on voit aujourd’hui des médias comme le Nouvel Observateur consacrer leur une aux SS, à partir du livre très vendeur de Jonathan Little, et dans le même temps dénigrer un penseur fondamental, au nom de l’antifascisme. »

Heidegger à plus forte raison sera-t-il publié ? Pour François Fédier, cela ne fait pas de doute. « Je ne sais pas encore chez quel éditeur on publiera ce livre, mais il paraîtra », conclut celui-ci, qui refuse tout débat ­direct avec Emmanuel Faye.

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LE MONDE DES LIVRES, 28 septiembre 2006

Heidegger à perdre la raison

Jean Birnbaum

Dans l’obscure chambre de service qui lui tient lieu de cabinet philosophique, François Fédier ne décolère pas. Sous le regard tutélaire de Martin Heidegger (1889-1976), dont les portraits côtoient ici les oeuvres complètes en allemand, le gardien du temple exhibe une à une les pièces de l’interminable “affaire Heidegger”, et de son tout dernier rebondissement : la décision – assez inhabituelle – des éditions Gallimard de renoncer à la publication d’un ouvrage collectif coordonné par lui-même, et intitulé Heidegger à plus forte raison. Annoncé pour le 23 mars, le livre n’est pas sorti en librairie. Et il apparaît désormais que s’il doit être publié un jour, ce ne sera pas chez Gallimard, l’éditeur traditionnel d’Heidegger en France, où François Fédier est venu déposer, au fil des ans, chaque tome des Œuvres du Maître.

A en croire Fédier, c’est justement à l’occasion d’une remise de disquette que serait né le projet Heidegger à plus forte raison, un épais volume au titre manifeste, qui devait venir riposter au livre publié par Emmanuel Faye au printemps 2005 : Heidegger. L’introduction du nazisme dans la philosophie (Albin Michel). Faye y développait l’idée selon laquelle, loin de constituer un simple accident de parcours, l’engagement hitlérien du penseur allemand coïncidait avec la vérité profonde de son oeuvre (”Le Monde des Livres” du 25 mars 2005).

Devant le puissant écho rencontré par cet essai, certains heideggeriens avaient ressenti le besoin d’une contre-offensive. D’après François Fédier, toutefois, c’est Marcel Gauchet lui-même, éditeur chez Gallimard, qui en a eu l’initiative : “Environ un mois après la parution du bouquin de Faye, raconte-t-il, je vais, avec un traducteur, remettre un tome des Œuvres à Marcel Gauchet. Pendant que le traducteur s’absente, Gauchet me demande si j’ai lu le livre de Faye. Je réponds que oui. Il me dit “vous savez, il faut faire quelque chose, il faut répliquer, c’est absolument nécessaire. Entreprenez quelque chose, je vous soutiendrai…””

Dès le mois de juin, donc, François Fédier réunit une équipe de dix auteurs qui s’attèlent à la tâche. Objectif : réfuter point par point l’argumentation d’Emmanuel Faye. C’est l’affaire d’un été prolongé : à la mi-octobre, le texte est achevé. Le 2 novembre 2005, un contrat en bonne et due forme est signé. Après quelques corrections superficielles, plusieurs jeux d’épreuves sont imprimés puis expédiés aux journalistes. Tout semble en place, donc, et la petite troupe heideggerienne croit enfin tenir sa revanche. Heidegger à plus forte raison allait même faire l’objet d’un compte rendu publié dans le numéro inaugural de Philosophie Magazine, daté d’avril-mai. Au même moment, la revue L’Infini consacrait un numéro spécial à Heidegger (no 95, Gallimard), numéro rapidement épuisé – et qui vient d’être réimprimé.

Or voilà que passent les semaines, les mois, et l’ouvrage, lui, ne paraît toujours pas. Bien plus, le 4 août, Antoine Gallimard, qui n’a pas souhaité répondre à nos questions, écrit à François Fédier pour lui signifier que le contrat du 2 novembre 2005 est résilié. Après lecture du service juridique et consultation d’un avocat, la maison considère désormais que la publication de ce texte risquerait d’entraîner des poursuites judiciaires, explique le PDG de Gallimard dans ce courrier, non sans commettre un assez joli lapsus, puisque sous sa plume l’ouvrage est rebaptisé Heidegger à perdre la raison

Comment, en effet, rendre raison d’une pareille volte-face ? Toujours selon François Fédier, Marcel Gauchet, l’éditeur chargé de ce manuscrit, n’avait rien trouvé à y redire. C’est de l’extérieur que l’alarme a été donnée. Car peu après la diffusion des épreuves, Emmanuel Faye, qui a pu en prendre connaissance, expédie un “mémento” à quelques journalistes, ainsi qu’à plusieurs figures de la scène intellectuelle, dont l’historien Pierre Vidal-Naquet, décédé depuis. Un texte bref, qui s’ouvre sur ce jugement sans appel : “Un an après la commémoration de la libération du camp d’Auschwitz, un ouvrage à paraître chez Gallimard fait l’apologie d’une position négationniste”.

“FAUSSE MANOEUVRE”

A l’appui de sa démonstration, Faye relève notamment que, dans sa contribution, François Fédier prend la défense de Jean Beaufret (disparu en 1982), l’une des figures tutélaires de l’heideggerianisme à la française, et qui avait jugé bon, en 1978, d’envoyer une lettre de soutien à l’agitateur négationniste Robert Faurisson. Dans un autre passage du même texte, relève encore Emmanuel Faye, Fédier expose que loin de “nier l’extermination” des juifs d’Europe, Beaufret s’était contenté de “mettre en doute l’existence des chambres à gaz”.

Il faut croire que la nuance n’a pas convaincu les juristes de Gallimard, qui ont en outre fait valoir que plusieurs passages du livre étaient particulièrement “discourtois” à l’encontre d’Emmanuel Faye. Celui-ci aurait-il été fondé à porter plainte pour diffamation ? Toujours est-il que c’est la perspective d’un procès qui semble avoir fait reculer les éditions Gallimard, comme le suggère Marcel Gauchet : “Ce n’est pas mon rayon direct, je ne me suis absolument pas occupé de la question, et je ne comprends pas très bien ce qui s’est passé. Mais ce que je vois là-dedans, c’est d’abord une fausse manoeuvre au niveau des épreuves, qui ont été diffusées de façon précipitée, et ensuite les effets de la judiciarisation qui gagne l’édition. Tout se passe maintenant dans les coulisses, entre avocats et éditeurs. Et ce n’est pas ce qui peut arriver de mieux à l’intelligence…”, regrette l’éditeur, qui croit également savoir que François Fédier a refusé les corrections proposées par Antoine Gallimard.

Faux, rectifie François Fédier, qui affirme avoir “entièrement réécrit” sa contribution. Et de fait, dans une nouvelle version dont Le Monde a pu prendre connaissance, l’auteur a largement remanié son texte, émoussant ses attaques contre Emmanuel Faye et supprimant la quasi-totalité du passage consacré à Jean Beaufret. Dans un courrier adressé à Antoine Gallimard et daté du 28 août, Fédier se dit “profondément choqué” par la décision de l’éditeur. En renonçant à la publication du livre, déplore-t-il, la maison “se soumet sans coup férir à l’avis des détracteurs de Heidegger, ceux-là mêmes que nous avions d’un commun accord décidé de combattre”.

Article paru dans l’édition du 29.09.06

unatemporadaenelinfierno.net

Written by Eduardo Aquevedo

diciembre 20, 2008 at 2:15 am

Publicado en HEIDEGGER

La "Comunidad de lucha" Jaspers-Heidegger. Auge y caída de una amistad.

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Revista de filosofía
ISSN 0718-4360 versão on-line

Rev. filos. v.63 Santiago 2007

Como citar este artigo
  Revista de Filosofía Volumen 63, (2007) 139-156

ENSAYOS


Cristóbal Holzapfel

Universidad de Chile
hcristob@yahoo.com


Resumen

Karl Jaspers y Martin Heidegger, estos dos grandes pensadores alemanes, fueron íntimos amigos. El solo hecho de que se hayan conocido personalmente el 8 de abril de 1920 en Friburgo en Brisgovia, con ocasión del cumpleaños 61 de Edmund Husserl, puede considerarse como una fecha histórica dentro de la historia de la filosofía. Entre muchas cosas que encontramos en el "Epistolario" entre ambos, Heidegger dice en alguna carta: "En el silencio filosofo siempre con usted". Ambos pensadores se propusieron formar una así llamada "comunidad de lucha" (Kampfgemeinschaft), la cual consistiría en introducir un nuevo modo de pensar en la Alemania de aquella época. Este proyecto común se relaciona a su vez con el hecho de que se sentían como pensadores marginales, no pertenecientes a una filosofía que llamaban "escolar". Mas, esta amistad tuvo su auge y su caída. Fue la adhesión de Heidegger al nacional-socialismo lo que suscitó su quiebre en 1933. De hecho, nunca más volvieron a verse, no obstante haber reanudado su epistolario en la post-guerra.

Palabras clave: Heidegger, Jaspers, Husserl, nacional-socialismo.

Abstract

The two great German thinkers Karl Jaspers and Martin Heidegger were very closefriends. The very fact that they personally met each other on April 8, 1920, in Freiburg im Breisgau, at the celebration of Edmund Husserl’s 61st birthday may be considered as an historical date in the history of philosophy. Among other things that we find in the "Correspondence " between them, Heidegger says in some letter: "In the silence I always philosophize withyou ". Both thinkers proposed to form together a so called "fighting society " (Kampfgemeinschaft), which would seek to introduce a new way of thinking in Germany at that time. This common project is related with the fact that both felt themselves to be marginal thinkers, that did not belong to a philosophy that they dubbed "scholarly ". But this friendship had its peak and fall. What brought the break in 1933 was Heidegger’s adhesion to national-socialism. In fact, they never came together again, although the correspondence was renewed in the post-war period.

Keywords: Heidegger, Jaspers, Husserl, national-socialism.


1

Karl Jaspers y Martin Heidegger se conocieron, como cosa de destino, nada menos que para la celebración de un cumpleaños de Edmund Husserl (maestro de Heidegger) en el año 1920, en Friburgo en Brisgovia, donde Husserl enseñaba, y del cual Heidegger era su Asistente.

Con ello comienza una larga amistad con su auge, con muchos gestos de auténtica filia griega, su climax, en el que Heidegger llega a proponerle a su amigo la formación de un "comunidad de lucha" {Kampfgemeinschaft) a la que pertenecerían únicamente ellos dos, y el desenlace que será finalmente el doloroso quiebre de esta bella amistad. Es cierto que en la post-guerrra esta amistad parece cobrar nuevos bríos, y en ello juega un papel importante este proyecto de la "comunidad de lucha", mas, desde 1933 ellos nunca se volvieron a encontrar nuevamente, y esa renovada amistad aconteció tan solo de modo epistolar.

En cierto modo, podríamos decir, por distintas razones que ya analizaremos, en esta amistad profunda se reproduce una buena parte de la historia dolorosa de Alemania de entreguerras, el nazismo, la guerra, la derrota de Alemania y su recuperación (la que para Jaspers nunca fue del todo convincente).

Centrándonos en el momento de climax de esta amistad, como decíamos, ella tiene que ver con la propuesta de la formación de una "comunidad de lucha" entre ambos pensadores. Si bien la propuesta nace de Heidegger, cabe reconocer que en ella se ponen en juego varios de los que serán los puntos capitales del pensamiento de Jaspers: por de pronto, las ideas de comunicación y lucha amorosa. Jaspers es, entre muchos otros aspectos, el filósofo de la comunicación, el que piensa en la posibilidad de una genuina comunicación existencial. Ello está a su vez relacionado con la idea pareja de una "lucha amorosa", de acuerdo con la cual se trata de una lucha tal que puede darse entre las existencias, que hayamos entregado de antemano cualquier arma que tengamos (entiéndase aquí "arma" en sentido figurativo), como también dejando a un lado toda posible cautela o reserva. Para Jaspers, el hombre únicamente puede ser sí mismo en comunicación con el otro, y la lucha amorosa viene a ser la expresión de esa comunicación. En otras palabras, podríamos decir que en la propuesta de la comunidad de lucha palpita el más alto sentido socrático del diálogo (tomando igualmente en consideración que el propio Jaspers se encargará de hacer oportunamente las distinciones necesarias al respecto).

Partamos en lo que se refiere a esta relación interfilosófica desde que ambos pensadores se conocen. Ello ocurre el día 8 de abril de 1920 (que podría considerarse histórico dentro de la historia de la filosofía), con motivo del cumpleaños 61 de Edmund Husserl.

Jaspers comenta este encuentro en so. Autobiografía filosófica, haciendo alusión a una anécdota divertida. Escuchemos:

En los primeros meses de 1920 estuvimos mi Señora y yo algunos días en Friburgo, con ocasión de hablar con Husserl y Heidegger. Se celebraba el cumpleaños de Husserl. Estábamos en un amplio círculo alrededor de la mesa para la hora del café. En ese contexto la Señora Husserl llamó a Heidegger el "niño fenomenológico" (Jaspers 1977, p. 92).

Cuando ambos pensadores se conocen en Friburgo, Jaspers, con su obra Psicopatología general (de 1913) y su Psicología de las concepciones de mundo (de 1919), ya es una figura destacada en el mundo académico alemán, y es a su vez 6 años mayor que Heidegger. La verdad es que Jaspers viene a ser el primero en sellar esta amistad. De manera acogedora y jovial le dice a Heidegger en carta del 28.6.1921:

¿Usted no querrá titularme «Profesor»? ¿Justo cuando hace ya harto tiempo que hemos iniciado una relación «filosófica»? ¿O confía en mí tan poco?1.

Por su parte, Heidegger será el primero en hablar de la así llamada "comunidad de lucha" entre ambos, idea que encuentra inmediata acogida en Jaspers y que seguirá vigente a lo largo de gran parte de sus vidas.

La propuesta de una "comunidad de lucha" se apoya en el hecho de que ambos pensadores se ven a sí mismos como marginales a las corrientes filosóficas imperantes en ese momento en Alemania, las cuales representan para ellos una "filosofía escolar" que tiene a Heinrich Rickert a la cabeza.

Este connotado profesor neokantiano hace una Reseña bastante negativa de la Psicología de las concepciones de mundo y al mismo tiempo se opone en 1922 al nombramiento de Jaspers como Profesor Ordinarius de Filosofía de la Universidad de Heidelberg (el grado máximo en las universidades alemanas), el cual, no obstante, obtendrá.

Esa marginalidad de ambos respecto de la filosofía oficial alemana del momento, a la que al nombre de Rickert se pliegan los de Wilhelm Windelband, Ernst Cassirer, Nicolai Hartmann y Max Scheler, entre otros, va aparej ada con el hecho de encontrarse ambos en cierta soledad, la que a su vez habrá de contribuir, sin duda alguna, a que puedan y tengan que concentrarse en el desarrollo de su pensamiento de largo alcance. Por otra parte, la mencionada soledad guarda relación con el hecho de estar Heidegger en los inicios de su camino, como Asistente de Husserl, y Jaspers, teniendo que enfrentar el mundo académico de los profesores de filosofía en el que recién ha ingresado, viniendo de la psiquiatría.

Después de haberse conocido ambos, ya pronto comienzan las estadías de Heidegger en casa de Jaspers y su esposa Gertrud, las que se extienden normalmente a varios días. Junto con hacerle Jaspers una cordial invitación a su amigo, entrando incluso en aspectos domésticos (cuando los Jaspers tienen todavía una casa pequeña en Heidelberg), veamos cómo Jaspers hace alusión a la "comunidad de lucha" en carta del 6.9.1922:

Me adelanto ahora a referirme a su visita a Heidelberg y lo vuelvo a invitar a hacer una estadía donde nosotros; mas, tengo que repetir que el lugar es relativamente primitivo (cama en la chaiselongue de la biblioteca, baño en el toillete -de otro modo, no resulta en nuestra casa). Sería bello pues que alguna vez pudiéramos filosofar en horas adecuadas durante unos días, poniendo a prueba y consolidando la «comunidad de lucha». Me imagino que vivimos juntos -cada uno en su habitación, mi mujer está de viaje-, cada uno haciendo lo que quiere, y que nosotros -independientemente de las comidas- nos reunimos según nos plazca y hablemos, especialmente en el crepúsculo, o como se dé, sin ninguna imposición. Si Ud. tiene la posibilidad y las ganas, venga muy pronto, por favor, y anuncíese a tiempo. El 14 de septiembre vuelve mi mujer, y entonces me gustaría estar nuevamente solo. Acerca de los costos de viaje, me hago cargo yo, tomando en cuenta la situación presente de nuestras vidas. Sobre eso no necesitamos discutir. Agrego un billete (1000 marcos) para el viaje.

Lo cierto es que Jaspers y Heidegger fueron íntimos amigos entre 1920 hasta 1933, y en este lapso de 13 años esta amistad tendrá un movimiento de auge, si bien en los últimos años antes del 33 comenzarán a manifestarse algunas grietas. El remate de ello, es decir, cuando la grieta habrá de pasar a un quiebre, tendrá como motivo la adhesión de Heidegger al nacional-socialismo. Si bien, años más tarde, en la postguerra esta amistad renacerá, ya será ello tan solo en forma epistolar.

Pero volvamos ahora al año 20. Heidegger ha realizado una estadía de 8 días en casa de Jaspers en la ciudad de Heidelberg, en las orillas del río Neckar. Esta estadía tiene que haber sido muy bella y fructífera, y por eso leemos en carta de Heidegger del 19.11.1922 lo siguiente:

Los ocho días donde Ud. me acompaña permanentemente. Lo repentino, hacia el exterior sin acontecer de estos días, la seguridad del ‘estilo’, en el que un día crecía sin artificio en el siguiente, el tránsito no sentimental y áspero con el que una amistad advino a nosotros, la certidumbre creciente de una comunidad de lucha asegurada por ambas ‘partes’ -todo ello es para mí inquietante al espíritu, como son el mundo y la vida para el filósofo.

Y agrega que a la vuelta de la estadía en Heidelberg se encontró con la noticia de que había interés en él en la Universidad de Marburgo, y que Paul Natorp quería mayores informaciones sobre sus futuros proyectos. Ya al año siguiente, Heidegger será nombrado Profesor Extraordinario de la Universidad de Marburgo, a instancias precisamente de Natorp, a quien a su vez sucederá. Natorp habrá de morir apenas un año después (en 1924).

Tengamos en cuenta lo que significa una estadía de ocho días en los que lo único que importa es la convivencia filosófica acompañada por un desinterés en el acontecer inmediato del mundo exterior. Diría que hoy ya casi no podemos dimensionar lo que una estadía de esta naturaleza verdaderamente es. Junto con haber perdido el sentido genuino de la soledad, hemos perdido también el sentido de la auténtica convivencia y amistad.

En la última carta de Heidegger encontrábamos a su vez una alusión a la mencionada "comunidad de lucha" y en una de sus formulaciones radicales. Cinco días más tarde le dará Jaspers una formulación del mismo nivel de radicalidad a esa comunidad, en la que se muestra la convicción ya temprana que ambos tenían de ser ellos los únicos y genuinos pensadores de la época. Se podría decir que esto parece bastante extremo y pretencioso, sin embargo, cabe agregar que la aseveración de Jaspers, que tiene el carácter de vaticinio, a la larga, en mayor o menor grado, se cumplió. Leemos allí en esa carta del 24.11.22:

¡Muchas gracias! Ud. sabe, cuánto ha significado también para mí nuestra convivencia y cuáles expectativas futuras tengo. En el desierto filosófico de la época es bello cuando se tiene la vivencia de la confianza. Y ambos no sabemos lo que queremos, esto es, ambos somos transportados por un saber, que todavía no se constituye explícitamente. ¡Qué resultará de ello! En un pensamiento reiterado sobre esos días he interpretado aquella afirmación suya de que debería surgir alguna vez un Anuario, en el sentido de que ambos deberíamos hacerlo: La Filosofía de la Época, Cuadernos Críticos de Martin Heidegger y Karl Jaspers.

Cabe decir que la propuesta de la "comunidad de lucha" pasó a ser entre ambos pensadores una especie de imaginario que incluso, después de haberse quebrado esta amistad en 1933, cuando se reanuda epistolarmente en la post-guerra, se volverá a ella; es más, en esos momentos, la comunidad de lucha será una clave en la recuperación y reanudación de esa gran amistad. Y si bien la aludida comunidad se presenta en el epistolario entre Jaspers y Heidegger siempre como un proyecto, podría decirse que sus encuentros prolongados en casa de Jaspers en Heidelberg, como el propio epistolario, serán un testimonio de esta singular comunidad. Pero, ¿en qué sentido decimos esto? Y más precisamente: ¿qué cabe entender por la llamada "comunidad de lucha" para sostener con fundamento que ella se hizo realidad, aunque haya sido tan solo parcialmente? De acuerdo con las alusiones de ambos pensadores al respecto, se trata de que ambos ante todo filosofen libremente (es decir, sin pautas previas) acerca de las principales cuestiones filosóficas, y que enfrenten a través de ello al medio académico filosófico de la Alemania de ese momento, y que consideran mediocre, en palabras de Jaspers, un "desierto filosófico".

Visto de este modo el alcance de la comunidad, podríamos decir que los encuentros de ambos filósofos y el testimonio de ellos en el epistolario, hablan a favor de que ella se hizo realidad, al menos parcialmente.

Como ya adelantamos, en Jaspers la genuina, y habría que agregar, la más elevada comunicación, se da solo en la medida en que en todo momento cada uno de los interlocutores le reconoce al otro la posibilidad de ser-sí-mismo. Es patente cómo ello está en relación con la profunda amistad que Jaspers tuvo con Heidegger. En noviembre de 1922, Heidegger está más de una semana en la casa de su amigo en Heidelberg, y ello marcará una imborrable impresión en ambos por el resto de sus vidas. En carta del 17.4.1924 le dirá Heidegger a su amigo:

Desde septiembre del 23 vivo con Ud. bajo el supuesto de que Ud. es mi amigo. Ésta es la fe que soporta todo en el amor.

Los Jaspers, el filósofo y su mujer Gertrud, le manifiestan a Heidegger grandes gestos de amistad y aprecio no solamente a través de las invitaciones a su casa, sino también en asuntos de orden económico. Por ejemplo, junto con recibir Heidegger el llamado a la Universidad de Marburgo, y alegrarse asimismo de haber recibido al mismo tiempo la tercera edición de la Psicopatología general de Jaspers (carta del 19.6.1923), la propia Gertrud le hace el ofrecimiento de una suma de dinero considerable (1 millón de marcos) con el fin de ayudar a Heidegger en su mudanza e instalación en Marburgo.

Y lo cierto es que no solamente una buena parte de la filosofía alemana del siglo XX será desarrollada directamente por ellos, sino incluso en lo que atañe a las universidades alemanas y su sistema de llamados a distintos profesores a ocupar determinadas cátedras. Ellos participarán en ello, pero procurarán al mismo tiempo mantenerse cada vez más al margen.

La "comunidad de lucha" tenía el propósito no solo de que ambos se dedicarían a filosofar de manera conjunta, sino que además enfrentarían a la filosofía que calificaban de "escolar" que se desarrollaba en esos momentos en Alemania. Pues bien, del giro crítico que tenía la mencionada comunidad, prácticamente no se escapó ninguno de los filósofos más destacados de los años 20 en las universidades alemanas. En el epistolario Jaspers-Heidegger se hacen presente muchos juicios críticos acerca de los filósofos alemanes del momento: Heinrich Rickert, Ernst Cassirer, Max Scheler y ni siquiera se escapa el propio Edmund Husserl, de quien Heidegger es todavía en el 23 su Asistente. Por ejemplo, en carta que es nada menos que del propio Heidegger del 14.7.1923 (y lo digo así, debido a su contenido) leemos:

Ud. sabe que Husserl ha obtenido un llamado a Berlín; él se comporta en esto peor que un docente privado que confunde el ordinariato /ambos son grados académicos de las universidades alemanas/ con la eterna bienaventuranza. Lo que ocurre queda en la niebla -por de pronto se ve a sí mismo como el Praeceptor Germaniae-, Husserl está completamente fuera de sus cabales, si alguna vez estuvo "en" ellos, lo que a mí me parece cada vez más dudoso. Él titubea entre una cosa y otra y dice trivialidades que son de lamentar. Vive de la misión de ser "el fundador de la fenomenología", no hay ser humano que sepa qué es eso -el que está aquí un semestre se da cuenta de lo que está pasando.

Y acaba diciendo: "Filosofemos socráticamente".

Años más tarde, en 1929, cuando Heidegger ya es muy conocido a través de la publicación de Ser y tiempo en 1927, en relación con el discurso que él pronuncia el 8.4.1929, con ocasión de la celebración del cumpleaños 70 de Husserl, le dice Jaspers en carta de una semana más tarde:

Acerca del discurso sobre Husserl tengo algunas preguntas impertinentes que hacerle.

Las tales "preguntas impertinentes" se referían a las palabras excesivamente elogiosas que ha pronunciado Heidegger sobre su maestro, al mismo tiempo que lo ha estado criticando severamente en sus cartas.

Dice Heidegger en su discurso que Husserl:

ha abierto un espacio completamente nuevo para el preguntar filosófico, con nuevas exigencias, distintas estimaciones, con una nueva mirada para las fuerzas ocultas de la gran tradición de la filosofía occidental.

La filosofía de Husserl, agrega:

no consiste en un mero esquema de orientación en el mundo, no es simplemente un medio o una obra de la existencia humana, sino ésta misma, en tanto acontece en libertad desde su fundamento.

Esta filosofía, dice además que está abierta

para un coloquio con las fuerzas actuantes de la totalidad de la existencia.

Y por último, termina diciendo que ésta es la actitud del filósofo: el oír el canto anunciador que se hace perceptible en el acontecer del mundo.

Desde luego, Jaspers pide una explicación respecto de esto, pero muy discretamente, máxime cuando Heidegger, según veíamos recién, ha criticado y prácticamente se ha burlado de su maestro.

2

Las Jornadas de Davos, en los Alpes suizos, tienen lugar en abril de 1929, y serán sobre todo conocidas porque hubo un enfrentamiento muy fuerte entre Heidegger y el neokantiano Ernst Cassirer. De hecho, entre las muchas opiniones relativas a lo que ahí sucedió, la señora de Cassirer se refiere en muy malos términos a Heidegger, aduciendo que éste le causara muy mala impresión.

Entre los expositores de esa Jornadas está también Rudolf Carnap, y entre los muchos asistentes se encuentra Emmanuel Lévinas, que por aquel tiempo era alumno de Heidegger.

El filósofo de Friburgo tuvo aquí la ocasión de deslindar su pensamiento no solo de Ernst Cassirer, sino de la Escuela de Marburgo, de tendencia neokantiana, y él venía precisamente de haber sido catedrático de la Universidad de Marburgo. Ahora en 1929, las Jornadas de Davos, vienen a ser un anticipo de la asunción de la cátedra que hereda de Husserl en la Universidad de Friburgo. La Lección Inaugural, con ocasión de la asunción de esta cátedra es el 24 de julio de 1929, y se titula ¿ Qué es metafísica?

De las Jornadas de Davos ya le había hablado Heidegger a Jaspers en carta del 21.12.1928, meses antes de que tengan lugar, contándole que ha recibido una invitación y proponiéndole que se encuentren en esas alturas. El tema es la Crítica de la razón pura de Kant y la tarea de una fundamentación de la metafísica.

Ambos, Heidegger y Jaspers, se dan clara cuenta de que este tipo de eventos no hay que tomárselos muy en serio, que son algo casi meramente publicitario, y por eso Heidegger (lo que no deja de ser divertido) reconoce en su carta que él ya tan solo en función de las salidas a esquiar confirmará su asistencia. Heidegger era muy aficionado al esquí, y precisamente en una época en la que este deporte implicaba mucho sacrificio, ya que escasamente había andariveles.

Jaspers no asiste. Lo cierto es que su crónica enfermedad de "éxtasis bronquiales", que suponía el riesgo permanente de contraer infecciones, se lo impedía categóricamente.

Una vez que las Jornadas de Davos han tenido lugar, en carta del 25.6.1929, después de referirse al hecho afortunado de no tener que ver más (en el momento) con preguntas en torno a llamados a las universidades, dice Heidegger:

Por otra parte -a pesar de todo lo que no fue alegre y lo que no calzaba con mi estilo- en Davos pude experimentar de manera inmediata y fuerte de que todavía tiene un sentido estar ahí; y es así como hay que comprar el hecho de que se generen habladurías en torno a uno.

En estas palabras de Heidegger laten dos cosas: una, que tiene que ver con el enfrentamiento entre él y Cassirer, y la otra, que se refiere a que Jaspers al parecer en ningún momento hizo algún ademán de ir a ese Congreso.

El año 29 la amistad de estos pensadores se mantiene y continúa su marcha. En carta posterior a las Jornadas de Davos le dice Heidegger a su amigo una frase que no deja de conmover: "en el silencio filosofo siempre con usted", y si nos vamos hacia atrás encontramos más expresiones del mismo tenor: en carta del 24.4.1926, escrita desde su cabana en Todtnauberg, que construyera en 1922 con ayuda de sus alumnos, le dice Heidegger a Jaspers:

Ya es profunda noche -la tormenta barre sobre las alturas, en la cabana crujen las vigas, la vida yace pura, simple y grande para el alma. /A menudo deseo en estas horas que estuviera aquí arriba conmigo. Entretanto no comprendo que allá abajo se pueda jugar unos papeles tan singulares.

¡Qué bello pasaje! Es uno de los más conmovedores, como que en él está todo contenido y en una particular tensión. Me refiero a lo que habrá de sobrevenir años más tarde. Es precisamente a Heidegger, al modo de una ironía del destino, que le tocará nada menos que ocupar un papel muy singular "allá abajo", y ello a causa del lamentable error político de su adhesión al nacional-socialismo.

Mas, de momento no hay todavía ni un solo palpito de lo que sobrevendrá y que afectará tanto las vidas de ambos pensadores, las de su país como de Europa entera y gran parte del mundo. Aún está el mundo en calma, si bien sin duda en el año 29 ya está la incertidumbre de lo que viene flotando en el ambiente.

En cuanto al pasaje de la carta de Heidegger que dice "Entretanto no comprendo que allá abajo se pueda jugar unos papeles tan singulares", cabe agregar que resulta particularmente decidor para la compleja relación entre filosofía y acción. ¿Hasta qué punto y hasta dónde le corresponde al filósofo actuar, asumir alguno de esos roles de "allá abajo"?

En entrevista de Frederic de Towarnicki y de Jean-Michel Palmer, publicada en 1969, a la pregunta de Palmer:

Se le ha reprochado algunas veces la distancia que parece tomar en relación con los sucesos de la historia mundial,

Heidegger contesta:

El pensamiento está siempre un poco solitario. Cuando se lo compromete se lo puede desviar. Le diré una cosa. Lo aprendí en 1933 durante mi rectorado, en un momento trágico de la historia alemana. Me sentí engañado. ¿Un filósofo comprometido es aún filósofo? La manera como la filosofía realmente actúa sobre los hombres y la historia, el filósofo mismo ¿qué sabe de ello? La filosofía no se deja organizar2.

En carta del Io de mayo de 1927 le agradece Jaspers a su amigo el envío que le ha hecho la Editorial Max Niemeyer de la que sería en definitiva la obra mayor de este pensador: Ser y tiempo.

En esta carta se hace nuevamente alusión a la "comunidad de lucha" que ambos se han propuesto formar, y en el sentido de esa amistad y comunidad entre ambos dice el pensador de Heidelberg, refiriéndose a Ser y tiempo:

Todavía no he podido leerlo nuevamente, lo he ojeado nada más y he leído por encima algunas páginas. Me siento como en Navidad: como si hubiéramos escalado una nueva meseta, en la que todavía no nos podemos habituar; por eso la comunidad en orígenes todavía no formulados, y la divergencia, incluso el asombro recíproco de los primeros movimientos y la orientación todavía medio a ciegas, que cada uno ha hecho.

Es decir, con el libro recién recibido -probablemente el libro de filosofía que más impacto ha ocasionado en el siglo XX- y que recién está ojeando, Jaspers hace un comentario de admiración por la obra lograda y deja entrever que la amistad enfrenta con ello un nuevo desafío. Mas, esta íntima y maravillosa amistad que más adelante habrá de quebrarse, pero que hasta ahora ha ido en ascenso, supone Jaspers en su Autobiografía filosófica que como a él no lo motivó mucho Ser y tiempo, no haciendo mayores comentarios (supongamos, una Reseña, como la que había hecho Heidegger sobre su Psychologie der Weltanschauungeri), habría en ello un primer distanciamiento de parte de su amigo. Incluso en relación con una nueva edición de su Psicología de las concepciones de mundo, Jaspers reconoce no haberse interesado mayormente por la interpretación de Heidegger, ya que le parecía un tanto fuera de lugar. Pero dejemos que sea el propio Jaspers quien hable:

La aparición de "Ser y tiempo" (1927) de Heidegger no trajo consigo una profundización, sino más bien una superficialización de nuestra relación, sin que yo entonces lo notara. Reaccioné sin estar propiamente interesado, como años atrás en relación a su crítica a mi Psicología de las concepciones. Ya en 1922 me había leído Heidegger algunas páginas de un manuscrito de ese tiempo. Me parecía incomprensible. Yo incitaba a un modo de expresión natural. Heidegger dijo ocasionalmente más tarde que él estaba mucho más avanzado y que lo anterior ya había sido superado, y que algo resultaría. Sobre el contenido del libro aparecido en 1927 no supe nunca nada antes. Ahora veía una obra que causaba inmediatamente impresión por la intensidad de la elaboración, la construcción de la conceptualización, lo certero de un uso lingüístico a menudo iluminador. Mas, a pesar del brillo de su potente análisis me parecía improductiva para aquello que yo filosóficamente buscaba (citado en Heidegger-Jaspers 1992, p. 240).

Es decir, estamos ante una amistad que tiene aquí un primer traspié. Quizás algo de ello late en la carta de Jaspers ya citada, alusiva a esa sensación de haber escalado hasta una nueva meseta, pero sin saber bien donde se encuentran ambos. Y, como observamos, este primer traspié es estrictamente filosófico, y tiene que ver con cierta extrañeza que siente Jaspers ante la gran obra de su amigo.

Y sigue Jaspers comentando en su Autobiografía filosófica acerca de su recepción de Ser y tiempo:

Yo me alegraba por la obra del hombre ligado conmigo, pero estaba desanimado de leerla, quedaba pronto estancado, porque el estilo, el contenido o el modo de pensar no me hablaban. Percibía además al libro no como algo contra lo cual tenía que pensar, con el cual tenía que enfrentarme. A diferencia de las conversaciones con Heidegger, desde allí no provenía ningún impulso. / Heidegger tenía que estar desilusionado. Yo no le brindaba, como mayor que era, el servicio de una lectura radical y crítica, estando imbuido en el trabajo completamente demandante de mi filosofar, así como él como joven había puesto de relieve su propio pensamiento de cara a mi ‘Psicología de las concepciones de mundo’. De modo comprensible tuvo ello una correspondencia con el hecho de que por su parte él no mostrara ningún interés por mis publicaciones posteriores.

Mas, no obstante estas consideraciones posteriores de Jaspers, a la altura de 1929 la amistad entre ambos se mantiene incólume.

En carta del 25.2.28, fechada en Marburgo, le cuenta Heidegger a su amigo que ha recibido un llamado de la Universidad de Friburgo, y que ha sido propuesto como único loco (lo que suena muy divertido en castellano) y se refiere al hecho de que ha sido propuesto como el único candidato (único lugar) posible para ocupar una cátedra, en este caso, la de Husserl. La nueva cátedra la habrá de asumir con su Lección Inaugural -¿Qué es metafísica?

Y es así como más de un año después, en carta del 18.10.29, esta vez fechada en Friburgo, Heidegger le comunica a Jaspers que ha sido invitado por la Universidad de Heidelberg a dictar en diciembre una conferencia, y que él se propone hablar sobre el mismo tema de su Lección Inaugural (es decir, principalmente sobre la nada). Una vez que se ha llevado a cabo esta conferencia, le dice Jaspers a Heidegger en carta del 5.12.29:

Desde tiempos inmemoriales le he escuchado a Ud. hoy como a nadie. Como en el aire puro me sentía extraordinariamente bien en ese ininterrumpido trascender,

y termina diciendo: "¡Todavía se filosofa!"

3

Tal vez no sería exagerado decir que Martin Heidegger, junto con ser uno de los más grandes pensadores del siglo XX, es también una de las figuras más enigmáticas de ese siglo. Por de pronto, una de las cosas que llama la atención es su casi nula concesión de entrevistas, a pesar del asedio de periodistas e interesados cuando ya era una figura de renombre mundial. De Heidegger sobresalen tan solo tres entrevistas: una a Jean-Michel Palnier, otra a Richard Wisser y una tercera a la revista Der Spiegel, con la condición de que esta última fuera publicada de manera postuma, y de hecho la revista la publicó en el número posterior a la muerte de Heidegger, acaecida en 1976.

Sin duda, uno de los hechos que remarca esta enigmaticidad del pensador es todo lo que circunda al llamado que recibiera de la Universidad de Berlín en 1930 a ocupar la cátedra más importante de Alemania, la cátedra de Hegel y Schelling. Con el sistema de llamados que caracteriza a la universidad alemana, Heidegger, antes de este llamado a la Universidad de Berlín, había recibido otros dos anteriores: primero, a la Universidad de Marburgo y posteriormente, a la Universidad de Friburgo. Apenas ha recibido el llamado de Berlín se lo comunica a su amigo Jaspers en carta del 29 de marzo de 1930 en los siguientes términos entusiastas y divertidos:

Ayer por la tarde recibí telegráficamente desde el cielo azul un llamado a Berlín.

Y ocurre que el mismo día, Jaspers le escribe a su amigo felicitándolo por ese llamado, del cual se ha enterado por la prensa (parece que las cartas se cruzaron):

Recién leía en el diario que Ud. ha recibido un llamado a Berlín. Lo felicito de corazón. Sobre Ud. ha caído no solamente el más grande honor que le puede ser otorgado a un filósofo universitario, sino que además pasa a ocupar el puesto más visible y experimentará y elaborará con ello nuevos impulsos hasta ahora no conocidos en su filosofar. No hay mejor oportunidad.

No hay que olvidar el máximo prestigio de ésta, la cátedra más importante de Alemania, la cátedra de Hegel y de Schelling, y es por ello también que lo que sigue en la carta de Jaspers corresponde a un noble reconocimiento personal:

Que alguna vez yo también albergué la expectativa de Berlín, me hace sentir un leve dolor. Pero él es el más pequeño posible, porque Ud. ha recibido este llamado. Porque la conciencia de que una vez ocurre lo recto y que en ese instante es inobjetable y justo que Ud. asuma esta posibilidad de acción, constituye una alegría tan afirmativa que el dolor obra como algo muy personal, privado y tranquilo, comenzando a desaparecer ya en el origen mismo. / ¿Podré hablar con Ud. ahora en sus viajes berlineses? Me alegraría que ello fuera posible, gracias a sus disposiciones.

Pero luego viene lo que tiene que haber sido muy impresionante para Jaspers y para todo el mundo académico alemán de la época: Heidegger, después de menos de dos meses, rechaza ésa, la cátedra más apetecida de Alemania, lo cual se lo comunica a su amigo de Heidelberg en carta del 17.5.30, la cual dice así:

¡Querido Jaspers! / Novedades no tengo para comunicarle y decirle solamente lo que ya le he confiado, a partir de los sentimientos de amistad. Hace algunos días he rechazado el llamado a Berlín.

Más adelante, primero en un oscuro diario de provincia en 1934, aparecerá el bello y conmovedor escrito ¿Por qué permanecemos en la provincia?’, que culmina con un rechazo rotundo (diciendo "irrevocablemente no") al "llamado" que le hiciera la Universidad de Berlín, y se trata en este caso del rechazo a un segundo llamado que le hiciera aquella universidad. En ese texto, con el fin de exponer los motivos de "permanecer en la provincia", y tras describir su habitat en la cabana de Todtnauberg, dice:

Este es mi mundo de trabajo visto con los ojos mirones del huésped o del veraneante. Yo mismo nunca miro realmente el paisaje. Siento su transformación continua, de día y de noche, en el gran ir y venir de las estaciones. La pesadez de la montaña y la dureza de la roca primitiva, el contenido crecer de los abetos, la gala luminosa y sencilla de los prados florecientes, el murmullo del arroyo de la montaña en la vasta noche del otoño, la austera sencillez de los llanos totalmente recubiertos de nieve, todo esto se apiña y se agolpa y vibra allá arriba a través de la existencia diaria3.

A mi juicio, uno de los pensamientos más lúcidos y profundos del pensador de la Selva Negra es lo que concierne al habitar, cómo habitamos el mundo, y la posibilidad de un habitar genuino, así como en particular lo desarrolla en Construir habitar pensar, y notemos cómo a propósito del pasaj e recién citado, el habitar es verdaderamente genuino cuando en cierto modo nos hacemos unos con el entorno. Por eso dice:

Yo mismo nunca miro realmente el paisaje. Siento su transformación continua, de día y de noche, en el gran ir y venir de las estaciones.

Y luego esa misma impresión sobrecogedora de la naturaleza en su invitación a filosofar:

Cuando en la profunda noche del invierno una ronca tormenta de nieve brama sacudiéndose en torno del albergue y oscurece y oculta todo, entonces es la hora propicia de la filosofía. Su preguntar debe entonces tornarse sencillo y esencial. La elaboración de cada pensamiento no puede ser sino ardua y severa. El esfuerzo por acuñar las palabras se parece a la resistencia de los enhiestos abetos contra la tormenta.

Posteriormente, en carta del 17.5.30 se advierte lo molesto que ha quedado Heidegger con todo el asunto que ha rodeado al llamado de Berlín. Repitiendo primero algunas revelaciones que le hiciera el Ministro del Estado Federal de Badén, le cuenta a Jaspers algunos entretelones del llamado, descalificando de paso a dos de los más destacados filósofos de la época:

La Facultad había propuesto único loco a Cassirer, rechazado a Hartmann y "designado" a mí, pero manifestando dudas relativas a la juventud, y demás. / Se quería de este modo agregar a los cuatro mediocres y deficientes un quinto inofensivo.

(No sabemos a quienes se refieren los otros dos, aparte de Ernst Cassirer y Nicolai Hartmann).

Y, si bien Jaspers ha instado primero a su amigo a que acepte la mentada cátedra, tras el rechazo de Heidegger, tiende de todos modos a justificar su decisión, pensando en lo importante que ha de ser para él "permanecer en la provincia", en los alrededores de su tierra natal. Pero, al mismo tiempo, manifiesta su preocupación por lo que en ese momento sucede con la universidad en Alemania. En ese sentido, se advierte en él algo visionario, porque lo que vendrá en no mucho tiempo más con el nacional-socialismo va a ser una reestruturación radical de la universidad. Teniendo estas consideraciones en mente, leamos el siguiente pasaje de su carta del 24.5.30 dirigida a Heidegger:

Su rechazo definitivo me ha motivado nuevamente. Con posterioridad lo entiendo. La certidumbre de su resolución no deja asomar alguna duda respecto de que Ud. ha elegido rectamente. Lo que filosóficamente todavía dormita en Ud. y que sólo es perceptible para Ud. mismo, puede salir a luz mejor aquí en el sur en uno de los oasis del desierto presente. A pesar de ello, estimo que no es indiferente el hecho de que el filosofar no se realice en Berlín, en atención a la realidad actual. Hay en ello una renuncia y un llamado, cuyo último significado todavía no comprendo. Resultará algo bueno de ello. Le deseo lo mejor para su trabajo sobre la base de la razón tan decididamente asumida por Ud. / De momento tiene su decisión una significación objetiva para nuestra universidad alemana. Porque para muchos será algo sugestivo: Berlín baja en valor, las pequeñas universidades suben. No creo que eso se olvide rápidamente.

En carta de mayo del 30, y volviendo sobre la antigua proposición, y habría que decir, el sueño albergado y añorado por ambos, de la formación de una "comunidad de lucha", Jaspers expresa su anhelo de que Heidegger pudiera interesarse por Heidelberg, donde él enseña, y así en atención al supuesto de estar juntos, se refiere incluso a la posibilidad de una verficación de la filosofía de la existencia, por él mismo fundada (y que posteriormente se llamó ‘existencialismo’. Dice ahí Jaspers que:

Se decidiría si ambos estamos en condiciones de filosofar, incluso en una discusión radical, o de seguir el viejo camino solipsista, como el que siempre se ha dado en las universidades: donde ha habido solamente polémica, pero nunca realización, y donde nadie "se acerca mucho a otro". Sería para nosotros como una verificación de la filosofía de la existencia, que no se la ha podido derechamente querer y hacer. Si acaso en la situación de la opinión pública resultara un movimiento a realizar a lo largo de unos años, habría entonces en el filosofar una nueva apelación y una verificación para los otros que verían que esto, que es realidad, se puede llevar a cabo. Si esto no resulta, así habría un dolor de especie singular para mí y creo que también para Ud.

Jaspers confiesa por último como en todo lo que se refiere a estos grandes proyectos la salud no lo acompaña, sumándose a ello aun el temor de que su vida será probablemente muy corta (lo que a fin de cuentas, por suerte, no se cumplió). En todo caso, el doctor Albert Fraenkel, amigo de la familia, le había pronosticado a temprana edad pocos años de vida (y al final vivió 86 años).

Lo cierto es que en todo este primer periodo de la amistad entre estos dos grandes pensadores (ya han pasado diez años desde que se conocieran en 1920), los gestos de amistad son, según reconoce el propio Jaspers por lo demás, más nítidos y manifiestos en Heidegger hacia su amigo, que no al revés. Por ejemplo, algo así se hace patente en lo relativo a la recepción de las obras mayores de cada uno que se han hecho enviar recíprocamente: Ser y tiempo de Heidegger recibido en 1927, y Filosofía, recibido por Heidegger en diciembre del 31. Ya anotamos que la recepción de Ser y tiempo fue bastante parca por parte de Jaspers. En contraste con ello, veamos cómo Heidegger recibe Filosofía, de la que reconoce haber leído hasta ahora los finales de "Metafísica", su III Parte final. De ello trata su carta del 20.12.31, donde dice respecto a su magna obra:

Lo esencial es que finalmente hoy en la filosofía con su obra hay algo allí que es insoslayable y total. Ud. habla desde la actitud clara y decisiva del vencedor y desde la riqueza de lo probado existencialmente. / La obra traerá a luz la falta de fuerza oculta de los débiles y de los apenas diestros, hará modestos a todos los que genuinamente anhelan, pero que son pequeños, y dotará de alas a todos los que somos desconocidos y que hemos recibido un designio.

Una vez acontecidos los hechos, fundamentalmente el rechazo a la Universidad de Berlín, y refiriéndose al hecho de que sería Jaspers el llamado a ocupar la cátedra de Berlín, continúa Heidegger en este notable reconocimiento del valor de su amigo:

Ud. posee ahora no únicamente el suelo, los horizontes más enriquecidos y la seguridad de la posición, sino también la definida valentía, para estar realmente de pie allí,

agregando después:

Que la alegre distensión dinámica tras haber completado este camino constituya una preparación del segundo camino hacia la genuina opinión pública del conductor "sabio" y guardián.

Finalmente, se expresa una vez más el Heidegger que, cual Nietzsche, está siempre viendo las realidades mundanales desde la lejanía de un filósofo, amigo de los leñadores y campechanos que fuman la pipa en silencio bajo el cielo estrellado, diciendo estar espantado con el éxito "dudoso" de Ser y tiempo, haciendo alusión al "parloteo heideggeriano", y confesando haberse atrevido con algo que sobrepasa su "fuerza existencial", agregando a ello que:

Desde entonces existo en el rol de un cuidador en una galería que, ente otros, tiene que prestar atención a que la cortinas de las ventanas se levanten y bajen de la manera correcta, para que las pocas grandes obras de la tradición tengan una iluminación más o menos adecuada para los espectadores ocasionales.

Dice además que:

Como medio suabo estoy también en la edad de los suabos, en la que se vuelve uno suficientemente prudente para saber lo que puede y debe y lo que no, para terminar manifestando sus preferencias que nunca acaba de subrayar por la cabana de Todtnauberg y todo lo que se puede vivir allí; dice, refiriéndose a su familia:

Mañana nos vamos a la cabana por todos los días feriados /de navidad/. Luego habrá nuevamente tormenta de nieve y el aullar de los zorros en el bosque nevado y el alto cielo nocturno y las caminatas solitarias por los valles serenos.

En la respuesta del 24.12.31 a esta carta le dirá Jaspers:

En su cabana estará incomparablemente bien. Ojalá pudiera encontrarlo en los valles elevados en una esquina del bosque.

5

El acontecer histórico-nacional y mundial no es ajeno a la vida de las personas, y menos cuando éstas son figuras públicas. La verdad es que esto se puede aplicar a cualquier nación. Mas, cuando sucede que se desarrolla en un país un movimiento como el nacional-socialismo, de índole totalitaria, y sobre todo cuando éste llega a ostentar el poder, entonces la sociedad completa, cada uno de sus miembros, está obligada a alinearse con el régimen o sufrir las consecuencias. Y esto, por supuesto, especialmente a los filósofos Martin Heidegger y Karl Jaspers tenía que afectarlos, en uno u otro sentido, no solo como personas y, especialmente, en lo que a ambos concierne, en cuanto a su amistad, sino también en su quehacer filosófico. Se trata de que con el nacional-socialismo se está iniciando en la patria común de estos pensadores una de las transformaciones más radicales de la sociedad alemana, y nadie puede quedar al margen de ello. El momento crítico, el punto de inflexión de esta situación viene a ser marzo de 1933, cuando Hitler asume el poder total.

En carta del 3.4.33 le manifiesta Heidegger a su amigo de Heidelberg su preocupación por la influencia que pueden tener los acontecimientos políticos en la transformación de la universidad alemana. En ella se refiere al filósofo, que fuera nacionalsocialista, Alfred Baumler y al pedagogo Ernst Krieck, también nacional-socialista, profesor ordinario en la Universidad de Heidelberg y desde 1937 Rector de esa Universidad, bajo cuyo mandato Jaspers fue expulsado de ese plantel. Baumler y Krieck influyeron poderosamente en la filosofía política nacional-socialista. La alusión de Heidegger a ambos es en el sentido de que de ellos sería esperable algún esclarecimiento de lo que ocurrirá con la universidad en Alemania, pero que hasta ahora no ha habido ninguno. Especialmente con Krieck, Heidegger entrará en una enemistad total, y ello fundamentalmente debido a los ataques que le hiciera Krieck en la revista de tendencia nacional-socialista Pueblo en gestación (Volk im Werden), donde tilda a Heidegger como uno de aquellos "que trabajan secretamente en una destrucción del movimiento innovador nacional-socialista", agregando además que las fuentes de su pensar "no han sido siempre precisamente germánicas" y que en su pensar se refleja "el pensamiento del judío contrario a la especie lartfremdr (citado en Briefwechsel (Epistolario), op. cit, p. 255).

Mas, todo eso sucederá un año después de la carta de abril del 33 que ahora comentamos. En ella percibimos en su parte final cómo ya se insinúa la visión política de Heidegger, lamentablemente identificada con el nazismo. Dice Heidegger:

Así de cuestionable que muchas cosas parezcan, así percibo siempre más que estamos creciendo en una nueva realidad y que una edad se ha vuelto vieja. / Todo depende si preparamos para la filosofía el lugar adecuado para el ataque y le ayudamos a dar con la palabra.

En marzo del 33 hace Heidegger la que habría de ser su última larga estadía en la casa de Jaspers en Heidelberg, en su casa de la Plockstrasse 66. En so. Autobiografía filosófica dirá muchos años tarde Jaspers sobre este encuentro lo siguiente:

A fines de marzo de 1933 estuvo Heidegger por última vez para una larga estadía donde nosotros. A pesar del nacional-socialismo triunfal de las elecciones de marzo, conversamos como antes. Él compró para mí un disco de música litúrgica gregoriana que ambos escuchamos. Más rápido que lo planificado Heidegger tuvo que partir. ‘Hay que ubicarse Ieinschaltenl, dijo él, a propósito del rápido desarrollo de la realidad nacional-socialista. Yo me sorprendí y no pregunté nada.

El año 1933, Heidegger ha sido designado el primer Rector nacional-socialista de una universidad alemana. En carta del 25.6.33 anuncia Heidegger visita a Jaspers. Esta visita se debe a que ha sido invitado por el Centro de Estudiantes de la Universidad de Heidelberg de tendencia nacional-socialista, a dictar una conferencia, la que se habrá de titular La universidad en el nuevo reino y que pronunciara Heidegger el 30.6.33.

En la Autobiografía filosófica, veinte años más tarde, escribe Jaspers sobre este nuevo encuentro y la conferencia de su amigo lo siguiente:

En mayo (sic) estuvo él otra vez brevemente y por última vez donde nosotros, con ocasión de una conferencia que él dio en su calidad de Rector de la Universidad de Friburgo ante los estudiantes y profesores de Heidelberg, y en calidad además del camarada Heidegger, así saludado por el Presidente Scheel del Centro de Estudiantes de Heidelberg. En cuanto a la forma fue una conferencia magistral, en cuanto al contenido, un programa de la renovación nacional-socialista de la universidad… Se le agradeció con un fuerte aplauso de los estudiantes y de unos pocos profesores. Yo permanecía en un lado con las piernas estiradas, las manos en el bolsillo, sin moverme (Heidegger-Jaspers 1992, p. 256).

Seguramente es aquí donde ya se produce el quiebre. Podemos imaginar el shock que esto le provocó a Jaspers. Pero el quebrantamiento definitivo de la relación se iba a confirmar inmediatamente después, cuando Heidegger fuera a la casa de su amigo, en uniforme nazi color caqui, almorzara con él y se plantearan en ese momento temas de política contingente. Jaspers relata esto como sigue:

Desde mi punto de vista, desde entonces las conversaciones nunca más fueron abiertas. Yo le dije que se había esperado que él se la jugara por nuestra universidad y su gran tradición. No hubo respuesta. Hablé sobre la cuestión judía, sobre el sin-sentido malévolo de los sabios de Zion, a lo que replicó: ‘Hay pues una peligrosa unión internacional de los judíos’. En la mesa dijo en tono rabioso que es un despropósito el hecho de que haya tantos profesores de filosofía, que habría que conservar en toda Alemania sólo dos o tres. ¿Cuáles pues? pregunté. No hubo respuesta. ‘¿Cómo puede un hombre tan falto de formación lungebildeterl gobernar Alemania?’ ‘La formación IBildungl es completamente irrelevante’, contestó él, ‘vea Ud. solamente sus maravillosas manos’ (Heidegger-Jaspers 1992, p. 257).

Notas

1 Heidegger-Jaspers (1992). Las traducciones son mías. Este epistolario también se ha publicado en Martin Heidegger, Gesamtausgabe. En lo sucesivo se citará aludiendo a las fechas de cada carta.

2 Bajo el título "Conversación" en el sitio http://www.heideggeriana.com

3 Heidegger ¿Por qué permanecemos en la provincia?, en: Publicaciones especiales del Departamento de Filosofía de la Universidad de Chile, "De la experiencia del pensar, y otros escritos", trad, de Jorge Rodríguez; aparecido originalmente en Revista Eco, n°. 35, 1963, Bogotá./También en sitio web http://www.heideggeriana.com

Referencias bibliográficas

Martin Heidegger-Karl Jaspers (1992), Briefwechsel 1920-1963. München: Piper.

Jaspers, Karl (1977), Philosophische Autobiographic München: Piper.

Written by Eduardo Aquevedo

diciembre 20, 2008 at 2:07 am

Publicado en HEIDEGGER, JASPERS

El nazismo de Heidegger

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El mayor pensamiento puede prestarse, como tal, al mayor horror.

El héroe goza de buena salud. Con otros nombres, el “nazismo” persevera en Occidente.

Lyotard

Santiago González Íñiguez 
Programa de Estudios Europeos- deila-cucsh
Universidad de Guadalajara
Escribo entrecomillado “nazismo” para establecer una distinción, para asentar que no pienso en el nazismo de los de la nsdap, de las ss y las sa; pienso en el “nazismo” de Martin Heidegger, para Bobbio (1998) “el último óraculo” de cómo trata de intervenir Heidegger, desde su pensamiento y cosmovisión política privada, en la dirección de los eventos y del tiempo político del tercer reich.

Heidegger nace en MeBkirch (Baden), Alemania, un jueves 26 de septiembre de 1889; primogénito de los esposos Friedrich y Johanna Heidegger. Su padre fue tonelero y sacristán de la parroquia católica desde 1887 (Ott 1992). Heidegger fue en vida una persona controversial, y en este fin de siglo es todavía un filósofo polémico, sobre todo en lo relacionado con el tema de su compromiso político con el nazismo. Es muy posible que en el próximo siglo todavía sigamos discutiendo su pensamiento y su comportamiento político. En este ensayo tratamos de dar algunos elementos para comprender el perfil del “nazismo” de Heidegger. Reflexionamos sobre la relación interna entre el pensamiento filosófico y la percepción política que tuvo de la situación contemporánea. Esta cuestión fue originalmente planteada por Habermas (1996) en el trabajo Heidegger: obra y cosmovisión, en la que indaga el vínculo del contexto biográfico y de la cosmovisión de la época con el pensamiento y la obra heideggerianos:

La obra filosófica de Heidegger debe su autonomía, lo mismo que cualquier otra, a la fuerza de sus argumentos. Y, siendo así, sólo podremos lograr establecer una conexión productiva con ella si entramos en sus argumentos y conseguimos liberarlos de la ganga de su contexto cosmovisional. Cuanto más se sumerge y se hunde la sustancia argumentativa en la cosmovisión, tanto mayores son las exigencias a que se ve confrontada la fuerza crítica de una apropiación capaz de hacer un buen uso de la criba. Esto que hermenéuticamente es obvio pierde su trivialidad sobre todo en los casos en que los receptores nacidos después están más o menos en las mismas tradiciones de las que la obra misma sacó sus motivos. De ahí que en Alemania la apropiación crítica de un pensamiento afecto de tan dudosa cosmovisión sólo puede lograrse si, al mismo tiempo que aprendemos de Heidegger, nos percatamos también de las conexiones internas que se dan entre el compromiso político de Heidegger y sus cambios de actitud hacia el fascismo, por un lado, y el hilo argumentativo de una crítica de la razón que también tiene raíces y motivaciones políticas, por otro (1996: 102).

Aquí discrepamos de Habermas en lo relativo al papel del contexto cosmovisional, la Kulturkampf del siglo xix, en nuestra comprensión de su relación interna con la obra de Heidegger; consideramos que este contexto cosmovisional no es sólo la ganga de la que hay que liberar los argumentos, es el contexto biográfico que nos permite comprender el “nazismo” de Heidegger, en relación con su pensamiento, lo que nos empieza a tornar comprensible su génesis. Del mismo modo, “liberar” los argumentos de su ganga cosmovisional es una tarea laberíntica que no se ha resuelto por la vía hermenéutica, en lo que respecta al conjunto de la obra de Heidegger. Por otro lado, el “nazismo” de Heidegger le llevará a “coincidir” más tarde con los nazis, pero también a querer ir más lejos, a la dureza, como lo afirma en su discurso de Tubinga: “Como combatientes de esta lucha necesitamos una generación dura que no esté apegada a nada propio, que se configure en el fondo del pueblo” (Heidegger, citado por Ott 1992: 257), así como a desilusionarse después de ellos cuando Heidegger expresa que “…el pensamiento de esa gente fue demasiado indigente…” (1998: 92).

Considero, asimismo, que el replanteamiento que de esta cuestión hace Lyotard (1995), da un giro que esclarece y complementa el de Habermas. Lyotard apunta al núcleo de la temática al señalar que “hay urgencia de pensar el caso Heidegger. Existen varios estados de la urgencia, no es ella privilegio de lo político o de la política. Hay una urgencia del pensamiento […] porque algo sucede, un acontecimiento, sin -o antes- que lo sepamos pensar” (Lyotard 1995: 55), sobre todo cuando Heidegger plantea en la lección sobre Lógica del semestre de verano de 1934 las siguientes aseveraciones: “Si retomamos la pregunta por la esencia de la historia se plantea la objección de que nuestra afirmación, ‘la historia es lo que caracteriza al hombre’, es una afirmación arbitraria. También los negros son seres humanos, pero ellos carecen de historia” (1991: 39); de la suposición de que los negros carecen de historia, es fácil concluir que no son seres humanos. Este tipo de suposiciones son un ejemplo de la ceguera racista que lleva a Heidegger a excluirlos de la categoría de ser humano, para constituir una base filosófica para su antisemitismo, así como a una valoración irracionalista de la ciencia y la verdad:

El ser, empero, no se nos revela nunca y en absoluto originariamente en el conocimiento científico de objetos, sino en los estados de ánimo emotivos del trabajo que allí vibra y a partir de la determinación histórica de un pueblo que determina todo ese conjunto. El develamiento del ser, sin embargo, no lo rescata nunca totalmente del ocultamiento. Por el contrario, es en la medida en que acontece el develamiento del ser que justamente también muestra su poderío el ocultamiento. Lo irracional, que hoy es tan anhelado, no lo conquistamos delirando en diletantismos y con ideas turbias, sino solamente mediante un saber radical y estricto que choca con los límites (1991: 105).

Si bien coincidimos con Lyotard en que el pensamiento heideggeriano es notable por la relectura persistente, insistente, de su contexto (1995: 60), observamos en él un bloqueo axiológico, que llega a constituirse en un límite axiológico para el pensar meditativo heideggeriano, concebido como “…un pensar que piense en pos del sentido que impera en todo cuanto es” (Heidegger 1994c: 18). Un síntoma de este bloqueo axiológico es “…aquello por lo que algo que accede al pensamiento no puede ser pensado y por eso no hace más que retornar, reaparecer” (Lyotard 1995: 59). Aquí Lyotard alude al silencio del pensamiento de Heidegger: el exterminio. Pero consideramos que este bloqueo axiológico implica, y puede extenderse a otras zonas de su pensar sobre el contexto, como podrían interpretarse en un momento dado la suposición y el argumento señalados.

Por otro lado, Heidegger, al ingresar al Partido Nacionalsocialista, el 1 de mayo de 1933, día de la fiesta nacional del trabajo, apunta Hugo Ott (1992), el más sobresaliente de sus biógrafos, pone en escena toda una representación dramática, mediante su carta del 9 de mayo de 1933 al delegado de universidades de Ministerio de Cultura de Karlsruhe:

Le doy sinceramente las gracias por su felicitación ante mi afiliación al partido. Ahora debemos poner todo en obra para conquistar para el nuevo espíritu político-nacional el mundo de los letrados e intelectuales. No será una batalla fácil. Sieg Heil. Martin Heidegger (citado por Ott 1992: 183).

Ott (1992), en un análisis sobre el discurso que el führer-rector Heidegger dirigió a los estudiantes de Friburgo en el semestre de invierno de 1933-1934, utiliza irónicamente una metáfora usada ya por el mismo Heidegger, en otro contexto (en una carta a Stenzel de fines de 1929), y se pregunta: “¿Acaso para Heidegger, que con el martillo de su pensamiento y la esencialidad de su cuestionamiento había quebrado la capa más frágil de la roca y había llegado a la dura piedra primitiva, el secreto artesano, el Führer Adolf Hitler, era un nuevo martillo que se le había regalado para encontrar el camino que conducía a los filones del ser?” (1992: 178). Asimismo, Ott (1992) devela en este discurso la integración de la concepción filosófica heideggeriana sobre la esencia de la verdad:

Que nunca deje de crecer vuestro valor para sacrificarse en aras de la salvación de la esencia y de la elevación de la fuerza más íntima de nuestro pueblo dentro de su Estado. Que las reglas de vuestro ser no sean dogmas ni “ideas”. El propio Fuhrer, y sólo él, es la realidad alemana presente y futura y su ley. Aprended a saber cada vez con mayor profundidad: a partir de ahora cada cosa exige decisión y cada acto responsabilidad. Heil Hitler (citado por Ott 1992: 178).

Ott asevera que en este discurso Heidegger hace gala de su capacidad de condensación y concentración, y que en él podremos ver que “las reglas de vuestro ser no deben ser dogmas”, es decir, dogmas teológicos, “ni ideas”, en el sentido de la doctrina platónica de las ideas, y de la tradición filosófica y teológica occidental. “Si los estudiantes insistieran en seguir esas construcciones aparentes, perderían la esencia del ‘develamiento’. O lo que es más, ‘el propio Führer y sólo él es la realidad alemana presente y futura y su ley’. Ese verbo ‘es’, aparece destacado en cursiva […] encierra dentro de sí el enunciado del ser […] Se trata de la entrada del ser dentro del claro, dentro de la verdad” (Ott I992: 178).

Jean François Lyotard destaca que se admite que Heidegger estuvo comprometido con el nazismo de manera deliberada, profunda y persistente: “Escuchamos este compromiso en los textos que firma, en los que pronuncia sin firmar, pero que se nos presentan con una plausibilidad convincente, los textos políticos pero también filosóficos (como el discurso del rectorado). Lo escuchamos en los silencios de esos textos, y en sus márgenes, y sobre todo […] en el silencio sobre el exterminio, observado hasta el final, frase más frase menos” (1995: 56). Lyotard refiere que la única frase escrita por Heidegger, en 1949, acerca del exterminio es la siguiente: “La agricultura es ahora una industria alimentaria motorizada, en cuanto a su esencia, lo mismo que la fabricación de cadáveres en las cámaras de gas y los campos de exterminio, lo mismo que la fabricación de bombas de hidrógeno” , frase que Lyotard califica de absolutamente justa, porque sitúa Auschwitz en su verdadera escena: la técnica (1995: 82).

Habermas (1989), al reflexionar sobre la cuestión del desarrollo del pensamiento de Heidegger, sostiene que éste absorbió la cosmovisión de su época hasta en sus medios retóricos de expresión, y que efectúa un obsceno reajuste semántico, que aparece en un texto “político” publicado el 10 de noviembre de 1933 en una revista estudiantil de Friburgo. Mediante este reajuste semántico, asevera Habermas, Heidegger llena de un nuevo contenido y sentido los conceptos básicos de su ontología fundamental, sin tocarlos en su estructura. El término Dasein, utilizado en Ser y tiempo, para referirse al individuo existencialmente aislado, es sustituido por el Dasein colectivo del pueblo “nuestro-en-cada-caso” que en su existir ha de saber afrontar, y de hacerse con, su destino:

El pueblo alemán ha sido convocado por el Führer a unas elecciones. Pero el Führer no ruega nada al pueblo, antes da al pueblo la posibilidad más directa de una suprema decisión en libertad: la de optar por él -el pueblo todo- por su propio Dasein o la de no optar por él. Estas elecciones no pueden en absoluto compararse con ninguno de los procesos electorales habidos hasta aquí. El carácter único de estas elecciones radica en la sencilla grandeza de la decisión que hay que tomar en ellas […]. Esta decisión última afecta a los extremos límites de las posibilidades del Dasein de nuestro pueblo. […] La elección que ahora el pueblo alemán realiza es ya el acontecimiento e -incluso con independencia del resultado- la más rotunda testificación de la nueva realidad alemana del Estado nacional-socialista. Nuestra voluntad de hacernos con la responsabilidad de nuestro propio destino como pueblo, exige de cada pueblo que busque y halle también la grandeza y verdad de su propio destino […]. Sólo existe una única voluntad, la del Dasein del Estado en plenitud. Esta voluntad es la que el Führer ha despertado en todo el pueblo, y ha soldado y convertido en una decisión única (Heidegger, citado por Habermas 1989: 191).

Al tematizar el “nazismo” de Heidegger, Lyotard (1995) sostiene que “…él va, se lanza mucho más allá y más acá. La medida de su transporte, de su trance, no puede medirse con la vara de esta política (la de nazis como Rosenberg, Krieck o Goebbels) […]. El caso Heidegger es mucho más grave. El nudo de su ‘política’ excede evidentemente a los de la nsdap y de la sa. La ‘dureza’ que aquélla exige no responde a una opinión, o a un temperamento, una preferencia coyunturales, sino a lo que él piensa, entonces, en lo más ‘profundo’, y que escribió en 1927 [Ser y tiempo]” (1995: 65). La “política” heideggeriana, según Lyotard, “…efectúa, ‘actúa’, un pensamiento que, tal como está escrito en Ser y tiempo, la permite, sin necesitarla en absoluto” (1995: 66). Al respecto, Lyotard indica una dirección para el desarrollo de un argumento, que considera que debería ser

una deconstrucción según la cual el texto filosófico y el texto político son jalonados por los mismos términos y como la cual estos términos son por así decirlo canónicos, en todo caso emblemáticos, para el pensamiento existencial-ontológico. No se trata de una simple proyección de un espacio de pensamiento sobre un espacio de acción, ni de una analogía de la diatriba pública con la meditación en el “atelier”. La propia “política” de Heidegger es la decisión resuelta, tal como fue elaborada en su pensamiento, por la cual el Volk determina uno de los posibles a los cuales está pro-yecto, “servido” por el saber que le provee la relectura de su tradición (Lyotard 1995: 69).

De ahí que estemos de acuerdo con la afirmación de Lyotard (1995) de que “es necesario […] distinguir aquello que es político en el pensamiento, aquello que el pensamiento se agrega a sí mismo para hacer política, porque carece de ella, de aquello que el pensamiento omite, olvida, por el hecho mismo de que permite esta política” (1995: 66-67). Sin embargo, es difícil establecer con claridad esta distinción entre textos “filosóficos” y “políticos” de Heidegger; como apunta Lyotard, “digamos prudentemente que es imposible no oír en estos textos algo de la resonancia del timbre de lo escrito en Ser y tiempo” (1995: 67). Al respecto, Bourdieu plantea una estrategia de lectura de la obra de Heidegger que consideramos más adecuada, ya que “las características y los efectos más específicos de su pensamiento encuentran su principio en esta dualidad de referencia, y la comprensión apropiada supone operar de manera consciente y metódica la doble puesta en relación que la ontología política de Heidegger prácticamente opera, en calidad de toma de posición política que se enuncia sólo filosóficamente” (1991: 17). No obstante, para Lyotard lo paradójico y hasta escandaloso es cómo pudo el pensamiento de Heidegger, el “guardián de la memoria del olvido”, el mismo que argumentara que “entre tanto, el olvido no sólo invade, como aparentemente separado de él, la esencia del Ser. Pertenece a la cosa del Ser mismo. Impera como destino de su esencia” (Heidegger 1994a: 114), ignorar y olvidar “…el pensamiento de ‘los judíos’ […] hasta el punto de que calla el final, que niega la tentativa horripilante (e inane) de exterminar, de hacer olvidar, para siempre lo que en Europa recuerda, desde el comienzo, que ‘haya olvidado'” (1995: 18). El olvido del guardián de la memoria pertenece y retorna a (al ser) él como sino; como bloqueo axiológico en el camino de su pensar; aunque paradójicamente el mismo Heidegger planteara en un análisis sobre la relación entre el pensar y el ser que “el pensar está presente por causa del despliegue que permanece no dicho. El estar presente del pensar está de camino al pliegue de ser y ente. Tomar-en-consideración es hacer estar presente al pliegue…” (Heidegger 1994b: 211).

Conclusiones
La polémica acerca del “nazismo” de Heidegger es abierta; la cuestión de su “nazismo” de querer ir más allá y más acá de los nazis al comprender y reflexionar sobre su pensar, como un pensar en el que el bloqueo axiológico pone un límite al horizonte de su pensar meditativo, aquello por lo que no piensa su pensamiento, la no tematización en su pensamiento de zonas de su contexto, lo que no observa que no observa (punto ciego), lo no piensa que no piensa. Es “el nazismo” de Heidegger el que nos hace comprender, a su vez, los motivos de su estrategia de subversión linguística, que reside primariamente en los modos como él usa el lenguaje y la gramática, cómo su lenguaje trabaja (Nicholson, citado por Elder 1999: 21). Esta estrategia consiste en apropiarse de ciertas palabras nazis callejeras como Kampf (lucha), Arbeit (trabajo), Gemeinschaft (comunidad), Volk (pueblo), Entscheidung (decisión), Fuehrerschaft (liderazgo) y Aufbruch, desde su filosofía, para redefinirlas y transformarlas en su significado, y desplazarlas del contexto nazi al de su filosofía. Heidegger intenta redirigir, con esta estrategia, el significado de esos términos. En el caso de la palabra Volk, por ejemplo, el concepto biológico se transforma en uno subordinado al concepto histórico de pueblo. En resumen: haciendo paráfrasis de la reflexión de Lyotard sobre esta temática, la libertad del pensamiento no se debe a la ley, sino al ser, es éste el error del pensamiento de Heidegger, ya que a él le corresponde velar (sobre) lo olvidado para que permanezca inolvidable (1991: 76).

Referencias bibliográficas
Bobio, N. (1998) La duda y la elección. Barcelona: Paidós.
Bourdieu, P. (1991) La ontología política de Martin Heidegger. Buenos Aires: Paidós.
Elder, F. H. W. (1990) “Philosophy, lenguage, and politics: Heidegger’s ttempt to steal the aguage of the revolution in 1933-34”, Social research, 5, 1 (primavera), pp. 197-238.
Habermas, J. (1989) “Heidegger: socavación del racionalismo occidental en términos de crítica a la metafísica”, en J. Habermas. El discurso filosófico de la modernidad. Madrid: Taurus.
_______ (1996) “Heidegger: obra y cosmovisión”, en J. Habermas. Textos y contextos. Barcelona: Ariel.
Heidegger, M. (1991) Lógica. Barcelona: Antropos-MEC.
_______ (1994a) “Hacia la pregunta del ser”, en E. Jünger y M. Heidegger. Acerca del nihilismo. Barcelona: Paidós.
_______ (1994b) “Moira”, en M. Heidegger. Conferencias y artículos. Barcelona: Ed. del Serbal.
_______ (1994c) Serenidad. Barcelona: Ed. del Serbal.
_______ (1998) “Solamente un dios puede todavía salvarnos”. Entrevistado por Der Spiegel, en Algunos textos de Heidegger. México: UIA, cuaderno de Filosofía núm. 32.
Lyotard, J.-F. (1995) Heidegger y “los judíos”. Buenos Aires: La Marca.
Ott, Hugo (1992) Martin Heidegger. Madrid: Alianza Editorial.

Written by Eduardo Aquevedo

diciembre 20, 2008 at 1:53 am

Publicado en HABERMAS, HEIDEGGER

“Me sentí engañado por Heidegger”, J. Habermas

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JÜRGEN HABERMAS DEFIENDE SU PASADO Y REFLEXIONA SOBRE EL PRESENTE

El filósofo alemán sostiene, después de haberle ganado un juicio por difamación al historiador Joachim Fest: “No tuve ninguna posibilidad de identificarme con los nazis”.

Por Juan G. Bedoya *

Jürgen Habermas (Düsseldorf, Alemania, 1929) es uno de los grandes filósofos contemporáneos, con hallazgos de pensamiento tan influyentes como el concepto de patriotismo constitucional. Sus posiciones bioéticas, sobre política europea o contra la guerra de Irak, lo colocan en primera línea como intelectual comprometido. En 2004 debatió en Munich sobre los fundamentos morales prepolíticos del Estado liberal con Joseph Ratzinger, antes de que fuese elegido Papa, y acaba de ganar un pleito con el historiador Joachim Fest, que insinuó que había simpatizado con los nazis. Pese a sostener aún hoy que “la vida de un filósofo es pobre en acontecimientos externos”, Jürgen Habermas, que cumplió en junio pasado 77 años, lleva décadas en la cresta de la ola, esta vez a cuento de una polémica sumamente desagradable para él: la acusación de que se relacionó con el nazismo, insinuada en la autobiografía del historiador Joachim Fest Yo, no. ¿Un nuevo caso Günter Grass, afiliado a las Waffen SS a los 17 años? ¿Acaso sirvió Habermas a los 16 años en el ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial, como hizo el papa Joseph Ratzinger, dos años mayor? El filósofo acaba de ganar el pleito que inició contra Fest por difamación y despacha el asunto casi con displicencia, absolutamente tranquilo. Desde hace décadas es una instancia moral universal, uno de los grandes filósofos modernos –un Hegel de este tiempo, se ha dicho–, lo que lo trae y lo lleva por el mundo, de tarde en tarde, desde su retiro en un lago de Baviera, dictando lecciones magistrales o presentando libros. Se publicaron recientemente su libro Entre naturalismo y religión (Paidós) y otro que firma junto a Ratzinger, que recoge el debate que ambos tuvieron hace dos años en la Academia Católica de Baviera sobre Dialéctica de la secularización. Entre la razón y la religión (Ediciones Encuentro).

–¿Qué sensaciones le dejó el pleito que le ganó al historiador Fest?

–Diré sólo que el Tribunal Superior de Hamburgo ha prohibido a la editorial Rowohlt, a petición mía, la difusión del pasaje correspondiente por ser intencionadamente difamatorio.

–En el primer capítulo de su último libro, hablando de la esfera pública política y de sus raíces biográficas, usted adelanta una explicación llamativa. Parece reducir su no relación con el nazismo a una mera cuestión de edad. “Tuve la suerte de un nacimiento tardío”, dice.

–Unicamente he mencionado la feliz circunstancia de que nosotros éramos lo bastante mayores como para poder recordar aún nuestra juventud bajo el régimen nazi, pero demasiado jóvenes como para poder hacernos culpables de los crímenes de ese régimen. Yo, personalmente, debido a mi handicap (tiene una nasalización distorsionada), no tenía además ninguna posibilidad de identificarme con la visión del mundo entonces dominante. Pero reflexiones de este tipo no disculpan a quienes en aquella época se convirtieron en criminales o en cómplices. Lo peor de nuestro pasado nacional estriba en la circunstancia de que un régimen criminal fuera respaldado durante tanto tiempo por una parte tan amplia de la población.

–Si volviera a tener que pensar en Heidegger contra Heidegger como lo hizo, con ese título, en los años ’50 (o en el caso Carl Schmitt, del que escribió poco más tarde), ¿volvería a sentir la misma perturbación?

–No veo motivo para cambiar una sola letra de mis críticas. Los sentimientos, naturalmente, cambian con el paso del tiempo. En 1953 era estudiante y me sentí engañado por Heidegger como profesor académico, porque negaba su corresponsabilidad en lo ocurrido.

–¿Qué opinión tiene respecto del reciente develamiento por Günter Grass de su afiliación voluntaria a las Waffen SS?

–Para mí es un enigma el porqué no ha hablado antes sobre ello.

–Pertenece usted a una generación comprometida. ¿Cómo han marcado esas circunstancias su filosofía?

–Sólo podría responder a esta pregunta con una autobiografía. Pero muchas veces he hablado sobre la censura moral que significaron para nosotros las revelaciones sobre los campos de concentración en el verano de 1945, como también, algo después, los procesos de Nuremberg.

–Usted debatió hace dos años con el entonces cardenal Ratzinger en la Academia Católica de Baviera. Meses después fue llevado al pontificado. ¿Mejorará la relación de esa poderosa iglesia con la modernidad?

–Como es natural, me parece elogiable que el Papa subraye la racionalidad de la fe cristiana. Pero en su discurso de Ratisbona atribuyó este mérito a la helenización del cristianismo y a la relación del cristianismo con la metafísica griega. Esto contiene una doble provocación. Por un lado, la modernidad piensa más bien posmetafísicamente. El concepto fuerte de razón metafísica se ha hecho problemático. Con esto quiero decir que hoy preferimos que sean Kant o Wittgenstein, antes que Platón, quienes nos ilustren sobre qué quiere decir “racional”. ¿Debemos, pues, volver más atrás de estos modos modernos de pensar? Por otro lado, la imbricación de la racionalidad de la fe cristiana con una vía filosófica específicamente occidental también plantea la pregunta por la exclusividad del acceso a la fe: ¿no hay caminos, en otras tradiciones, que conducen a una fe “racional”, compatible con la renuncia a la violencia propia de la democracia y de los derechos humanos?

–Se lo creía a usted, como diría Max Weber, un filósofo “carente de oído musical para la religión”. Sus últimas reflexiones desmienten esa impresión. ¿Qué escucha ahora, ante las nuevas convulsiones entre religiones y culturas?

–Ciertamente, soy amusical ante la religión, como Weber. Pero en mi opinión, en la esfera pública política los ciudadanos seculares y religiosos, como miembros de la misma comunidad política, deben abordarse con respeto mutuo y disposición a aprender recíprocamente, es decir, con los oídos abiertos. No creo en un choque inevitable de civilizaciones. Sólo podemos integrar a inmigrantes de orígenes culturales y religiosos ajenos si, por nuestra parte, también abrimos nuestras formas nacionales de vida. La integración no es una vía de sentido único, sino que exige la ampliación del propio horizonte. Naturalmente, el Estado democrático de derecho debe imponer sus normas. Pero eso no lo niega nadie. Por tal motivo, combatir el odio y la violencia exige una autoconciencia tranquila, no afán de provocar. En la misma medida en que la guerra contra el terrorismo no es una guerra, tampoco ese imaginario islamofascismo es una magnitud espiritual que nos amenace. Quien se dedique a juguetear con este sinsentido lo que hace es tocar a rebato contra un indeterminado enemigo interior. Debemos precavernos frente a semejante militarización del espíritu occidental.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

Domingo, 10 de Diciembre de 2006

Written by Eduardo Aquevedo

diciembre 20, 2008 at 1:48 am

Publicado en HABERMAS, HEIDEGGER