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POSITIVISMO LOGICO

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Positivismo lógico

De Wikipedia, la enciclopedia libre

El positivismo lógico (o también denominado posteriormente empirismo lógico o empirismo racional) sostiene que la filosofía debe tener el mismo rigor, como conocimiento, que la ciencia. La filosofía, y cualquier otra forma de conocimiento, debería tener un criterio estricto para juzgar las proposiciones como verdaderas, falsas o sin sentido. La metafísica debe ser eliminada de la filosofía y llevada al lenguaje expresivo (como la poesía), pues sus enunciados carecen de método de verificación empírica, y como no son tampoco proposiciones de la lógica, entonces carecen de todo sentido.

Antecedentes y precursores

Los antecedentes se remontan hasta los empirismos de Locke y Hume. En el Manifiesto del Círculo de Viena se decía que filósofos como Karl Marx (por su tratamiento científico de la historia), Leibniz (por sus matemáticas y su lógica) también se consideraban precursores, pero sin contar con su metafísica. Además, los antecedentes pueden confundirse como enraizados en el positivismo del siglo XIX, del cual, sin embargo, renegaban. Hay que recordar que, para los positivistas del siglo XIX, “sólo lo dado es real”. Para los empiristas lógicos, esta proposición simplemente carece de sentido. Por eso se llamarán empiristas lógicos: las proposiciones en filosofía tienen sentido si y sólo si puede concebirse un método de verificación para ellas (para Popper, por ejemplo, el principio sufre una inflexión: cuando pueda concebirse un modo de reconocerlas como falsas; sin embargo Ayer demostrará que este principio también es erróneo).

Sus precursores son el Círculo de Viena, en gran medida influenciados por los avances en la lógica logrados por Frege y RusselWhitehea, así como el primer Wittgenstein. En el Círculo de Viena se encontraban: Rudolf Carnap (Mayo 18, 1891 – Septiembre 14, 1970), el “líder” que proclamaba la superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje (véase La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje); Kurt Gödel (28 de de abril de 1906 – 14 de enero de 1978) quien formuló el famoso teorema de incompletitud; David Hilbert (23 de Enero de 1862 – 14 de Febrero de 1943) el famoso redactor de Los problemas futuros de la Matemática; y otros como Herbert Feigl, Philipp Frank, Hans Hahn, Carl Gustav Hempel, Karl Menger, Richard Von Mises, Otto Neurath, Hans Reichenbach, Moritz Schlick y Friedrich Waismann. En Inglaterra, Sir Alfred Jules Ayer (Octubre 29, 1910 – Junio 27, 1989) fue el más importante representante de esta corriente (véase Lenguaje, verdad y lógica)

A priori, a posteriori, analítico y sintético [editar]

Kant (Véase Crítica de la razón pura) -precedido por Leibniz y Hume– había dicho que los enunciados son de dos clases: analíticos o sintéticos. La diferencia entre estos dos enunciados estriba en la forma como se les predica verdad: para los analíticos, sólo en función del significado de sus términos; para los sintéticos, en función de cómo es el mundo. Los analíticos, entonces, no nos dicen nada sobre el mundo: son puras tautologías. Los sintéticos sí hablan sobre el mundo. Ejemplos de enunciados analíticos: “Todos los solteros son no casados”; “el color negro es oscuro”. Ejemplos de enunciados sintéticos: “Hay un automóvil allá afuera”; “Está lloviendo”.

Ahora bien, también hay una diferencia entre cómo se conocen los enunciados: algunos son cognoscibles a priori y otros a posteriori. Los a priori son cognoscibles por un puro ejercicio de la razón, sin necesidad de recurrir al mundo. Los a posteriori necesitan, para ser conocidos, que el sujeto recurra al mundo. Lo a priori es necesario (no puede no suceder) y lo a posteriori es contingente (puede no suceder).

Kant había dicho que existen algunos enunciados sintéticos a priori, esto es, algunos enunciados que nos dicen cosas sobre el mundo y que pueden ser conocidos sin recurrir a la observación empírica; y que, como son a priori, entonces son necesarios. Para Kant, un sintético a priori serían las matemáticas, o la metafísica de las costumbres. Los empiristas lógicos aceptan las distinciones de Kant, pero niegan que pueda haber un sintético a priori: si lo hay, entonces hay enunciados que hablan sobre el mundo pero que no necesitan de verificación empírica. Pero los empiristas quieren alejarse de este camino. La sección siguiente explicará por qué.

El sentido de una proposición, las pseudoproposiciones y los pseudoproblemas

¿Cómo sabemos que un enunciado como “Hoy está lloviendo” es verdadero? Oímos la lluvia, o vemos el agua caer, o vemos el agua caer y oímos la lluvia y olemos el pavimento mojado: así sabemos que hoy, de hecho, está lloviendo. Entonces el enunciado “Hoy está lloviendo” tiene sentido, porque podemos saber si es verdadero o es falso. Ahora, ¿Cómo sabemos que un enunciado como “El Ser es inmóvil” es verdadero? Obviamente nunca hemos visto tal cosa como “el Ser”, y tampoco lo hemos visto moverse, permanecer quieto, o sonreír. ¿Entonces cómo sabemos si ese enunciado es verdadero? Los metafísicos hubieran respondido: por supuesto no a través de la evidencia empírica, pues esa clase de evidencia no nos ha llevado a hablar del Ser. Son enunciados que son demostrados por la pura razón, a priori. Pero recuérdese que los empiristas lógicos han negado que podamos hablar del mundo -enunciados sintéticos- sin experiencia de él –a priori-.

Los empiristas lógicos dicen: sólo podemos hablar de cómo es el mundo si tenemos experiencia sensorial de él. Si hablamos del mundo, es porque lo percibimos mediante los sentidos. ¿Hay alguna otra manera de conocer el mundo, además de los sentidos? Sí, mediante el razonamiento lógico-deductivo, es decir, lo a priori, como las matemáticas, la lógica y los significados conceptuales.

El sentido de una proposición se determina, creyeron el primer Wittgenstein, Russell y los empiristas lógicos, por las experiencias sensoriales que nos pueden decir si esa proposición es verdadera o falsa. Si no hay experiencias sensoriales que nos puedan decir si “El Ser es inmóvil” es verdadero o falso, entonces “El Ser es inmóvil” carece de sentido.

Pero alguien muy bien podría decir: ¡Momento! ¡’el Ser es inmóvil’ es un enunciado completamente bien estructurado, gramaticalmente hablando! La respuesta es: así parece, pero no lo es en realidad. Hemos visto que, para toda proposición, si puede ser comprobada -o, para Popper, demostrada falsa- empíricamente, entonces la proposición tiene sentido. Y si no es así y tampoco es lógica o matemática, es una pseudoproposición, esto es, que parece proposición… pero no lo es. ¿Por qué?

Enunciados como “el Ser es inmóvil” o “la Nada nadea” parecen estar bien estructurados en una forma sujeto-predicado: “el Ser” y “la Nada” serían los sujetos de las dos frases; “es inmóvil” y “nadea” sus respectivos predicados. Sin embargo, ‘Ser’ y ‘Nada’ no son sujetos: uno es un verbo y el otro es un cuantificador. Cometemos la falacia de reificación al creer que son sujetos. En otras pseudoproposiciones tales como ‘Dios posee infinitos atributos’ o ‘Tengo libre voluntad’, el problema es que no hay manera de comprobar esto empíricamente: nadie puede ver a Dios y reconocerlo en sus infinitos atributos, y tampoco podría, alguien, darse cuenta que hasta ahora estaba de alguna manera determinado a actuar involuntariamente.

Los problemas de la metafísica, entonces, dicen los empiristas lógicos, son pseudoproblemas: no pueden resolverse, sino que deben disolverse mediante un análisis del lenguaje, con ayuda de la lógica. Tal análisis nos probará que no nos referíamos a cuestiones de hecho, sino que estábamos usando mal el lenguaje. Este mal uso es denominado por Carnaplenguaje de pseudo-objeto“, porque parece referirse a objetos o hechos en el mundo, pero no es así. El “lenguaje-objeto” real es el lenguaje de las ciencias, como proposiciones como “La Luna es redonda” o “El agua es H2O”, que sí se refieren al mundo.

Por esto mismo, la metafísica sería borrada del mapa simplemente analizando y encontrando los errores que yacían en ella. Algo muy parecido sucedería con la ética y la estética. La ética se iría de la filosofía porque enunciados como “odiar es malo” no son en realidad enunciados declarativos -no hablan de cuestiones de hecho-, sino imperativos: dicen algo que debe hacerse. Sin embargo, estos imperativos cometen la falacia naturalista al derivar lo que debe ser el caso, de lo que de hecho es el caso. Por esto la ética se movería de la filosofía al campo de la psicología, que nos diría porqué de hecho creemos que ciertas cosas son buenas y otras malas. Lo mismo, con las apropiadas sustituciones, sucedería con la estética. Los elementos metafísicos de las dos materias serían, por supuesto, eliminados.

Reduccionismo, enunciados protocolares, fundamentos del conocimiento y epistemología

Entonces: el sentido de una proposición se determina empíricamente. Si esto es así, entonces para toda proposición con sentido en el lenguaje-físico (como “La Luna es redonda”), hay una proposición en el lenguaje-sensorial que le corresponde. (Una proposición en lenguaje sensorial es la que reporta inmediatamente los datos recibidos por los cinco sentidos humanos, agregándole cuantificadores, conectivas y coordenadas espaciotemporales para hacerla significativa: “Hay un rojo blando y ácido aquí, en este momento”; o: “a las 7 de la mañana del jueves, vi un redondo blanco en tal y tal lugar”).

Es decir, la oración “La Luna es redonda” puede reducirse a enunciados como “Hay un objeto blanco y redondo en este momento tal que lo llamamos Luna”. Carnap y algunos otros, como Schlick, creían que estos enunciados eran el fundamento de nuestro conocimiento. Ellos llamaron a estos enunciados en el lenguaje-sensorial enunciados protocolares. Esto es, que para saber si estábamos justificados para decir que sabemos tal o cual proposición, debemos apelar a estos enunciados (recordemos que el sentido de una proposición son sus condiciones de verificación empírica). Para otro miembro del Círculo de Viena, Otto Neurath, el fundamento del conocimiento no son estas proposiciones, y de hecho el conocimiento no tiene fundamento: el conocimiento se da sólo entre sistemas coherentes de proposiciones, y la justificación no es asimétrica (esto es, no hay más justificación en una proposición que en otra), sino que se otorga mutuamente entre proposiciones. Moritz Schlick debatió con él y, de hecho, este mismo debate duraría -aún cuando el empirismo lógico ya había sido rechazado- en el centro de la epistemología por casi todo el siglo XX: el debate fundacionalismo/coherentismo.

A priori

Hay dos maneras en que una proposición puede tener sentido: hablando acerca del mundo y por tanto teniendo condiciones de verificación empírica bien determinadas, o no hablando acerca del mundo. Hemos visto que los enunciados acerca del mundo -sintéticos-, para los empiristas lógicos, sólo podían ser a posteriori, es decir, sólo comprobables empíricamente. Pero también hay otra manera de conocer algo: a priori.

Sé que 2×2 es 4, siempre, y no tengo -aunque puedo hacerlo, claro- que contar con mis dedos o encerrarme en el laboratorio para saberlo: lo sé solamente calculando. De la misma manera, sé que ningún soltero está casado, y sin necesidad de recurrir a un experimento. También sé que, por modus ponens, puedo deducir la proposición ‘y’ dadas dos premisas: si ‘x’, entonces ‘y’, y es el caso que ‘x’. Para esto tampoco necesito ninguna experimentación, no necesito recurrir al mundo. Conozco esto de manera a priori, sin experiencia. Pero, como lo conozco sin necesidad de experiencia, entonces ni el modus ponens, ni la multiplicación de 2 por 2, ni la soltería de los no casados me dicen algo sobre el mundo. ¿Cómo iban a hacerlo, si puedo conocerlos sin experiencias empíricas? Y como no me dicen nada sobre el mundo, entonces son proposiciones analíticas, que son verdaderas sólo en virtud del significado, y de las reglas estipuladas. “Todo soltero es no casado” es verdadero porque ser soltero significa no estar casado. 2×2=4 es verdadero por los usos estipulados que les damos a los signos ‘×’ e ‘ = ‘ , además de las reglas que seguimos al darles ese uso, y los significados que les damos a los signos 2 y 4.

Por esto, todas las verdades a priori son, para los empiristas lógicos, analíticas. Y como son a priori deben ser necesarias. Recordemos que las proposiciones sintéticas son aquéllas cuyo valor de verdad depende de los hechos en el mundo. Y por esto son contingentes: pueden o podrían no haber sucedido o no suceder. Yo podría no estar redactando este artículo (pues podría estar estudiando para el examen), tú podrías no estar leyendo esto, hoy puede llover, Sócrates podría no haber nacido, es posible que mañana muera el presidente de la nación. Ahora, hemos dicho que los analíticos son verdaderos no en función del mundo, sino en función del significado y las reglas. ‘2–1=1’ siempre va a hacer verdadero, claro, siempre que hayan tales significados y reglas. Pero si, en otro lenguaje, ‘chango’ fuera lo que nosotros entendemos por ‘2’; ‘perro’ lo que nosotros por ‘1’; ‘corre’ por ‘-‘; y ‘tira de materias’ por =’; entonces ‘chango corre perro tira de materias perro’ seguiría siendo verdadero.

Esto nos dice por qué todos los enunciados que son analíticos son a priori, y también necesariamente verdaderos. Cuando a una proposición o conjunto de proposiciones se les hace una tabla de verdad, y resulta que tal proposición es verdadera en todos los casos, decimos que esa proposición es tautológica. Esto sucede con las proposiciones analíticas, y justo por eso decimos que son necesarias. Para los positivistas lógicos, entonces (siguiendo al primer Wittgenstein), todos los enunciados analíticos son tautologías, es decir, que son siempre verdaderas. (Los enunciados que son siempre falsos se llaman autocontradictorios)

Unificación de la ciencia

Recordemos que un enunciado en el lenguaje físico puede reducirse a otro en el lenguaje sensorial: “ahí hay un mesa” puede reducirse a algo así como “en tal y tal lugar en tal y cual momento, percibo color café, forma rectangular…”, etcétera. Y estos enunciados serían la base de nuestro conocimiento.

Siendo esto así, entonces el proyecto empirista parecía posible: reducir toda la ciencia natural a enunciados protocolares. Carnap introduce -poco después y frente a los problemas que esto implicaba- además de experiencia sensorial, lógica y teoría de conjuntos.

Russel y Whitehead ya habían iniciado la tarea de la reducción de la matemática a la lógica. Si podíamos hacer esta reducción, los grandes teoremas y las enormes demostraciones resultarían más claras, pues conoceríamos los fundamentos. De igual manera, las teorías en las ciencias naturales serían más claras y más seguras conociendo en qué estaban fundadas: en qué enunciados protocolares.

Y como toda iba a ser reducido a enunciados protocolares, entonces la ciencia natural sería vista como un extenso conjunto de tales enunciados.

Inducción y falsabilidad

Un enorme problema que Hume nos heredó es, básicamente, cómo justificamos la inducción (es decir, dicho vagamente, pasar de lo particular a lo general). Hume se dio cuenta de que no es válido pasar de lo que de hecho es y ha sido el caso, a lo que será o debe ser el caso, sin ninguna justificación para ello.

Este problema pone en cuestión toda la ciencia natural, que se basa en razonamientos inductivos. Así, algunos miembros del Círculo de Viena (entre ellos Carnap y Reichenbach) trataron de buscar una solución. Claro que no hubo una definitiva.

Karl Popper es un personaje muy relacionado con el Círculo de Viena, pero que nunca se confirmó positivista. Sin embargo, su filosofía estuvo muy cercana a la del Círculo. Su respuesta al problema de la inducción es que la ciencia no avanza confirmando teorías observacionalmente, sino demostrando que contradicen la experiencia. Esto es la falsación. Según este criterio, una teoría/ley científica sería inválida si puede ser falsada, es decir, si puede probarse que no nos informa correctamente sobre lo que la experiencia empírica nos dice.

¿Qué es la filosofía?

Ya Wittgenstein, en el Tractatus logico-philosophicus, había dicho que la única manera que quedaba de hacer filosofía, después de eliminar la metafísica, era el análisis. Ésta es la propuesta del empirismo lógico: sin metafísica ni, lo que queda es lógica. Y la lógica estudia cómo razonamos y cómo debemos de hacerlo, si queremos hacerlo bien y poder entendernos. Entonces, la filosofía sería el análisis de las proposiciones de la ciencia, que serían purificadas de todo sinsentido y toda metafísica, y fundamentadas en la teoría del conocimiento (epistemología).

Críticas al positivismo lógico

Las críticas al positivismo lógico fueron demasiadas, y algunas incluso por los mismos miembros del Círculo de Viena.
Ludwig Wittgenstein (en sus Investigaciones filosóficas), Popper (La lógica de la investigación científica), Quine (Desde un punto de vista lógico) y otros, hicieron críticas que minaron los postulados fundamentales del empirismo logicista. De hecho, nunca hubo un acuerdo unánime dentro del Círculo de Viena.

Las críticas de los empiristas lógicos vienen por el lado de la inducción, ya que nunca se dispone de la seguridad de que no aparezcan hechos que contradigan las leyes emanadas de la experiencia, así como la búsqueda del número de pruebas necesaria para validar las leyes o teorías generales sin entrar en la prueba ad finitum.

Popper critica la idea de la inducción partiendo de la aplicación de la lógica formal: es imposible extraer enunciado generales a partir de enunciados particulares; es decir, es erróneo en términos lógicos, concluir del enunciado: algunos X se comportan de manera Z, el enunciado: todos los X se comportan de manera Z. Además, critica la verificación, ya que en una teoría debe ser posible verificar todos los postulados para decir que es verdadera, lo cual es imposible. Más bien, se debería concluir que la teoría es falsa si una de sus predicciones es falsa (Falsacionismo de Popper).

Entre los otros importantes críticos del positivismo lógico, encontramos a Imre Lakatos con sus Programas de investigación, a Thomas S. Kuhn con su Paradigma, y a Paul Feryerabend quien plantea que no existen criterios únicos de juicio para determinar si una teoría es mejor que otra, lo más sano y más progresista, es apostar a la máxima proliferación de visiones del mundo diferentes sobre cada tema, que no necesariamente deben ser científicas, en tanto demuestren capacidad explicativa.

Positivismo, filosofía analítica, metafísica…

La filosofía del positivismo lógico fue quizá una de las más influyentes durante la primera mitad del siglo XX, junto a la metafísica continental alemana y francesa. Aunque el positivismo lógico fue rechazado en sus mismos términos, su influencia perduró en lo que se conoce como filosofía analítica.

Sin embargo, creer que la filosofía analítica contemporánea es positivista, es un craso error.

Posteriormente se vio la necesidad de formular teorías metafísicas/ontológicas y éticas, pero, para evitar sinsentidos, ahora escudadas con la poderosa arma de la lógica.

Aún hoy sobrevive la ruptura entre filosofía analítica y filosofía continental (herederos de Hegel, Heidegger, etcétera), y no se ve una manera de resolverla.

Personalidades

* Alfred Jules Ayer

* Richard Bevan Braithwaite

* Rudolf Carnap

* Herbert Feigl

* Philipp Frank

* Kurt Gödel

* Kurt Grelling

* Hans Hahn

* Carl Gustav Hempel

* Tadeusz Kotarbinski

* Thomas Kuhn

* Stanislaw Lesniewski

* Jan Łukasiewicz

* Ernest Nagel

* Otto Neurath

* Karl Raimund Popper

* Hans Reichenbach

* Moritz Schlick

* Alfred Tarski

* Kazimierz Twardowski

* Friedrich Waismann

* Ludwig Wittgenstein

Bibliografía básica

* Ayer, A. J.; Lenguaje, verdad y lógica.

* ___________; Positivismo lógico.

* Carnap, Rudolf; La estructura lógica del mundo.

* ___________; Filosofía y sintaxis lógica.

* ___________; Pseudoproposiciones en filosofía.

* Neurath, Otto; Unified science.

* Quine, Willard Von Orman; Desde un punto de vista lógico

* Wittgenstein, Ludwig; Tractatus logico-philosophicus.

* ___________; ”’Investigaciones filosóficas”’.

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Written by Eduardo Aquevedo

marzo 23, 2008 a 7:54 am

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